Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





sábado, 10 de septiembre de 2016

LOS DIOSES DE LA POLÍTICA



La ausencia en España de una cultura de pactos se refleja estos meses en las críticas de unos y otros contra los que asumen la responsabilidad de llegar a acuerdos cediendo parte de sus intereses políticos. Este tipo de acusaciones es propio de aquellos partidos que conciben la política cómo un mero litigio de siglas. Un litigio que pone de manifiesto que lo único importante es lo que propone mi partido B por ser afín al C, y no lo del A que, al ponerle tal o cual muletilla -repetida hasta la saciedad- se le estigmatiza lanzándolo al limbo de los proscritos.  
Pero lo más curioso es que, marcado el partido A, cualquier tipo de gesto de éste para intentar llegar a acuerdos con otros es inexorablemente criticado, sin importar lo sustancial de su propuesta. Su propuesta, su iniciativa o lo que conlleve de bienestar para la ciudadanía, eso ya no importa. Su pacto es siempre considerado antinatura, son impuros por naturaleza y por lo tanto se deben eliminar. Los que así piensan, se elevan por encima del bien y del mal, son los dioses de la política que siempre tienen razón. Sus propuestas  siempre son las correctas, sus nombramientos los más meditados, sus acciones dignas de estar expuestas en libros y cátedras cómo ejemplo de cómo actuar. Son los verdaderos demócratas, los verdaderos artífices del devenir político, son los de la “nueva política” que, sin hacer caso a los sucedido elección tras elección -bajada de votos para ellos y más votos para el proscrito-, se empecinan en no hacer caso a los que los ciudadanos les están marcando: ¡entiéndanse con el vencedor!
El problema de España nunca ha sido el bipartidismo, y menos la caricatura que de él presentan algunos partidos de la “nueva política”. No, el problema ha sido el sectarismo, que es, no lo olvidemos, el gran escollo para la objetividad y, por ello mismo, para la verdad. El “no, es no” es todo lo contrario al acuerdo que las urnas, tantas veces proclamadas por estos “nuevos demócratas”, están demandando. Esta conducta agresiva, cainita y desproporcionada con el adversario político es propia de tiempos remotos que preferimos olvidar.
Tampoco sirve el apelar, después de los resultados obtenidos tras ¡dos elecciones!, que es el parlamento soberano quién debe decidir el futuro de España. Están muy equivocados señorías. El Parlamento español es la representación de la ciudadanía que ha votado a un partido por su ideología y programa electoral. No ha votado a un partido para que éste “interprete” la voluntad del pueblo soberano. Si en España se votara a personas y no a partidos, entonces habría una mayor credibilidad para que el parlamento se erigiera en verdadero interprete de la ciudadanía. Si cada diputado/a recorriera calles, barrios y distritos de la ciudad por la que se presenta, tendría más conocimiento para analizar y deducir la voluntad de la ciudadanía que le ha votado. No se dejaría influenciar, con la facilidad que ahora lo hace, por el preboste del partido a que pertenece. No podemos seguir con un sistema de elección parlamentaria con las premisas que los nuevos dioses de la política quieren hacer creer. Unos dioses con pies de barro que no tienen categoría ni para decidir por ellos mismos.
Robert Michels publicó un estudio sobre el partido Social-Demócrata de Alemania (SPD) donde mostró que se dirigían los asuntos internos de una manera poco conforme con los procedimientos democráticos, puesto que las decisiones claves eran tomadas por sus cuadros ejecutivos, con ello todas las organizaciones (incluidos los gobiernos) se hayan gobernadas por un puñado de dirigentes haciendo prácticamente imposible la democracia. Michels denominó a este fenómeno la “ley de hierro de la oligarquía”. Algo así está pasando ahora en España, donde unos pocos dirigentes, intérpretes de la soberanía popular, establecen el cuándo, cómo y dónde se debe hacer esto o aquello, sin importarles el pueblo y la nación.
Es necesario un cambio de planteamiento en el sistema electoral español. O se va a segunda vuelta electoral, es decir, una eventual etapa del proceso de elección de una autoridad cuando ningún candidato ha conseguido la mayoría absoluta (mitad más uno de los diputados del parlamento); o se debe respetar la regla, no escrita, de facilitar la gobernabilidad al partido más votado. Todo lo demás es meternos en un bucle, con difícil solución, que la ciudadanía no merece y que España ya no puede permitírselo.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @JapuigJose

miércoles, 31 de agosto de 2016

LA VUELTA AL COLE



Recuerdo que por estas fechas, hace de eso muchos años, íbamos preparándonos para la vuelta a las clases, la vuelta al cole. Un retorno que siempre se hacía muy latoso, una losa que había que levantar -si o si- a pesar de lo que nuestra mente nos proponía. Un nuevo curso repleto de incógnitas pero con algo muy grato: volver a ver a los amigos. Una cita esperada en la que nos contábamos lo que habíamos hecho en nuestras vacaciones estivales. Confesiones, entre colegas, de vínculos veraniegos adornados con aspectos, muchas veces soñados, que repetidos en nuestra mente los hacíamos realidades para contar una y muchas veces.
Ahora vuelvo o volvemos todos de nuevo al cole. Al colegio de la vida, a la institución que nos reúne a los seres humanos a través de nuestras  relaciones sociales, de nuestras vivencias cotidianas, de nuestro trabajo. Un volver que hacemos con la esperanza de encontrar cambios y novedades en nuestro entorno societal. Una esperanza de que algo se haya modificado en aquella rutina prevacacional. Pero la realidad del reencuentro nos despeja de nuestro sueño y nos ratifica en nuestra forma de ser y pensar sobre esos seres que nos rodean y que llamamos humanos.
Nos reencontramos con una juventud carente de fantasía. Chicas y chicos que visten igual, son cómo ejércitos uniformados. Ellas con su pantalón ajustado vaquero, botines o botas y grandes tacones. Ellos casi lo mismo pero con zapatos deportivos. En cuanto a su peinado es todo un poema, colores atrevidos y cabezas rasuradas por los lados –uno o los dos-, extensiones rizadas que dan que pensar en la higiene de esas cabezas. Ellas y ellos comparten la misma afición: el móvil, los tatuajes, los cascos. Esos smartphone y tablets que los aíslan de la sociedad a la que pertenecen y que les hace vulnerables a modas y caprichos de terceros. Una juventud cuyo grito a la libertad queda ensombrecido y empobrecido al ser esclavos de una moda que les está privando de ella.
La vuelta al cole, a la institución socializadora de la vida, también nos hace reencontrar con aquella situación política que dejamos tras las elecciones que parecían marcar el inicio del verano y la sensatez en los políticos.  Creíamos que al regreso se habría transformado esa clase política que pensaba en las elecciones y nos encontraríamos con estadistas que pensaban en cómo gobernar y preparar el futuro de los ciudadanos.  De nuevo la realidad nos despertó del sueño veraniego y nos hace aterrizar en la sustantividad de lo que tenemos. Y lo que tenemos es de nuevo políticos que, incapaces de resolver los problemas que la sociedad demanda, siguen pensando en unas nuevas elecciones navideñas.
En cuanto al problema de la migración de los pueblos, dolorosa e inhumana, sigue estando ahí. Unas migraciones consecuencia, cómo dice Viktor Orbán, de la descomposición de los países del norte de África y sus procesos políticos, que ha roto la línea defensora, baluarte y parapeto de Europa, de las masas procedentes del interior de África que hoy ya no es capaz de defender. Hay verdaderos refugiados pero hay muchos más que quieren aprovechar las ventajas del modo de vida europeo. La Unión Europea solo tiene principios pero no tiene soberanía verdadera que le permita abordar este problema. Pero cuando personajes públicos, cómo el cardenal Cañizares, el presidente del gobierno húngaro o el ministro de finanzas alemán, alertan de que es imposible defender a los europeos de las masas de inmigrantes ilegales, se les tacha de insolidarios.
Palabras arrancadas dolorosamente al silencio político que, cómo señales de náufragos débiles y desesperadas, quieren alertar de un peligro latente en nuestra sociedad. Porque entre los vicios más extraños y graves de nuestra época, hay que mencionar el silencio. Somos una sociedad rica en silencios, fruto del sentimiento de culpa que, a no tardar, nos hará sentir vergüenza y desesperanza y, lo que es peor, nos mostrará toda su miseria.
Los nuevos encuentros, de nuestro periodo vacacional, nos han hecho conocer nuevas gentes y costumbres pero, por desgracia una y otra vez, nos hemos visto ante la falta de urbanidad, respeto al prójimo, buen gobierno y atención al necesitado, parte de un compendio de acciones fruto de una profunda y antigua inteligencia. Una inteligencia que sigo buscando, no la encuentro, me es invisible o perceptible en modo alguno en la gente que pasa por la calle. No se descubre ni rastro de ella mirando alrededor. He vuelto al cole de la vida esperando en vano que al hablar, por casualidad, con el primero que pasa me encuentre con palabras de humana sabiduría.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @JapuigJose

jueves, 30 de junio de 2016

La Gobernanza



El gobernar se puede estudiar cómo una ciencia, pero su práctica no deja de ser un arte. Se nace o no se nace para ser un buen gobernante, al igual que para ser un gran músico, pintor, etc. Una carrera te puede dar los conocimientos, pero el arte de gobernar nunca se adquiere con un libro delante, requiere inspiración, intuición, experiencia y clarividencia. Otro rasgo de gran importancia es que sea culto, una cultura amplia, solida, sustentada, que permita tener una gran flexibilidad de criterio. Los buenos gobernantes, o que pretendan serlo, deben aceptar la pluralidad de opinión, ser tolerante ante sus contrarios y abierto a toda corriente que lleve a la verdad.
El político, que pretenda llevar a término una buena gobernanza, no puede pensar que la verdad es la suya, ya que entonces no será un buen político, será un fanático, un dogmático. El solo hecho de no tolerar que exista una verdad distinta, lo descalifica cómo político y cómo persona. Un hombre culto, sensato y honesto, es al fin y al cabo un humano, y cómo tal, puede tener momentos de desvío e incluso de intolerancia; pero no será la regla, será la excepción.
El liderazgo de los gobernantes ha sido históricamente entendido cómo indispensable para todo sistema político, al permitir la estabilidad y evitar la tiranía. Sin embargo el concepto de liderazgo virtuoso ha sido discutido de formas y maneras a lo largo de la historia de la humanidad. Desde la visión filosófica de Platón (La República) que postuló que la dirección política debía estar en manos de gobernantes que fueran sabios filósofos, pasando por la visión sociológica de Max Weber, que afirmaba que el liderazgo debía ser entendido cómo una relación social, en la que el elemento central es la aceptación del mismo por los seguidores, hasta la visión actual del concepto de líderes políticos, el liderazgo ha ido adoptando diferentes aceptaciones.
En la actualidad, los líderes políticos se enfrentan, sin duda, a numerosos y mayores desafíos. Por un lado las sociedades modernas han avanzado en su nivel de complejidad, cómo consecuencia de un mundo global, donde los líderes encuentran difícil la concreción de sus objetivos, condenados a defraudar y a no cumplir con las expectativas que en ellos han sido depositadas. Es aquí donde comienza a producirse el divorcio entre la política y la sociedad. Por otro lado, está la fragmentación y diversidad de las demandas que se les exige  a diario, que dificulta aún más la tarea de construir una cultura común y una serie de valores compartidos. Sin olvidar, el complicado panorama actual, en cuyo seno, muchas viejas certezas ideológicas se hayan en desasosiego, y otras están siendo derribadas. Todo esto hace que la elaboración de discursos capaces de aglutinar amplia aceptación social, resulte muy complejo.
Actualmente, la falta de liderazgo en algunos países europeos ha trastocado los cimientos democráticos y ha propiciado el caos económico y social. Casos como los de Grecia, o el más reciente del Brexit en Gran Bretaña, son claros ejemplos, entre otros, de la falta de gobernanza y de lo que, un aprendiz a gobernante, puede traer a su país. La política necesita de líderes que sepan que cuando las circunstancias cambian sus posicionamientos deben también cambiar. Lo único que es irrefutable es que hay que gobernar. Un país no puede estar sin gobierno. Los políticos deben garantizar la gobernanza de un país, pues de no hacerlo están cometiendo una sedición que puede llevar a una guerra. Cuestión, por desgracia, conocida en Europa, y en España.  

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
http://josantoniopuig44.blogspot.com.es/
Twitter: @JapuigJose