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"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





viernes, 6 de febrero de 2026

LA PERVERSION DE LA DEMOCRACIA

Heinrich Karl Bukowski, conocido como Charles Bukowski, definió con cinismo la diferencia entre democracia y dictadura afirmando que, en la primera, uno vota antes de obedecer órdenes, mientras que en la segunda no es necesario perder el tiempo votando. Este relevante escritor y poeta alemán, mostró un desprecio por las estructuras convencionales y la autoridad, aunque posiblemente describió una realidad de la democracia con la que muchos estarían de acuerdo viendo lo que sucede en nuestro país. Una España que tiene un Ejecutivo que no gobierna, que no tiene un programa coherente de país, que gestiona mal y que ha renunciado a ejercer un liderazgo económico e institucional en favor de las exigencias particulares de ese conglomerado de fuerzas políticas que lo sustentan. Son la hueste de un mal Gobierno, sus coaligados, cómplices de la corrupción socialista, que se aferran al resistente por interés lucrativo. Es la perversión de la democracia donde el interés de unos partidos prevalece sobre la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y del interés general.

Las consecuencias de este modelo es la parálisis estructural de un país que encadena tres ejercicios presupuestarios sin aprobar nuevas cuentas y funcionando con los de 2023. Es un estado de estancamiento crónico derivado de fallas profundas en su economía, instituciones o infraestructura, caracterizado por un alto paro, déficits públicos persistentes, y un modelo productivo de bajo valor añadido. Con este panorama es evidente que el Gobierno carece de capacidad política para planificar, priorizar y ejecutar una política seria encaminada a atraer inversión y ganar productividad. Es un Ejecutivo con mucho gasto corriente poco productivo, donde se gasta, pero no se invierte. Se despilfarra en estructuras administrativas, subvenciones e imagen, mientras el mantenimiento y la modernización de infraestructuras se descuidan.

Este problema presupuestario es coherente con la nefasta gestión del Gobierno, donde cada vez que nuestro país tiene que hacer frente a una catástrofe o situación de caos, su repuesta es tardía, descoordinada y politizada. Un ejemplo de ello lo vimos con la DANA en Valencia: ayuda estatal tardía, descoordinación patente, clara motivación política y no por falta de medios. España no carece de medios al disponer de unos fondos europeos sin precedentes y unos ingresos con máximos históricos tras la pandemia, encadenando récords de recaudación por la elevada presión fiscal que supera el 42% del PIB. Es como decía Aristóteles una forma de gobierno incorrecta o pervertida, donde los gobernantes actúan para beneficio propio en lugar del bien común.

El accidente ferroviario en Adamuz es la desgraciada prueba de como la falta de mantenimiento y modernización de la red ferroviaria ha costado la vida, por ahora, a 46 personas. La catástrofe cordobesa ha enterrado también, junto a esas víctimas, la sensación de seguridad de un tren que había simbolizado el paso de España a la era moderna. Dos semanas después del accidente, el caos sigue instalado en las estaciones y el responsable ministerial presume de su gestión ante los diputados que le criticaban en el Congreso: “les molesto porque lo hago muy bien”. Hay que tener cara dura. Si de algo puede presumir es la de ser el rey del zasca, que junto a su socio Rufián pelean por mantenerse en el olimpo de los provocadores.

Es la persistente perversión del uso indebido de la democracia de un Ejecutivo que emplea sus mecanismos (elecciones, leyes, libertades) para socavar sus cimientos, sustituyendo el bien común por intereses particulares, la corrupción estructural y la desinformación. Esto degrada la soberanía popular y deteriora la convivencia democrática. Pero que más le da a un Pedro Sánchez que ignora el orden establecido, las estructuras de poder o los estándares éticos convencionales con tal de lograr sus propios objetivos. Defiende a su ministro porque da la cara, más bien lo que da es una serie de explicaciones incompatibles entre sí para construir un relato cuya finalidad es impedir que vea la luz una verdad incómoda. Para ellos, el cambio climático no tuvo la culpa en la dana de Valencia fue Mazón y la del accidente de Adamuz es el cambio climático. ¡Vaya tropa! Utilizan sin pudor la mentira para evitar lo más difícil: decir la verdad y asumir sus consecuencias.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 06-02-2026