Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





lunes, 23 de marzo de 2026

HODIO

La idea de que el odio y el mal comenzaron con la rebelión de un ángel contra Dios es un concepto teológico y mítico fundamental en varias tradiciones religiosas, especialmente en el cristianismo, el judaísmo y el islam. El ángel que se reveló se le conoce como Satanás, el Diablo, “un mentiroso y el padre de la mentira”, que no ha dejado de generar odio y violencia (Jn 8:44). El odio, en psicología, es una emoción intensa y prolongada acompañada de sentimientos de rechazo o daño hacia una persona, grupo o situación. Unos sentimientos descritos a la perfección por Mathieu Kassovitz, director de la película francesa “La Haine” (El odio). La película muestra cómo la marginación, la brutalidad policial y la falta de oportunidades convierten la rabia en una fuerza destructiva e incontrolable. La moraleja principal de la película es que el odio engendra más odio, creando un ciclo vicioso e infinito que termina destruyendo a todos los involucrados.

En los conflictos sociales el odio actúa como una fuerza destructiva que erosiona la cohesión, fomenta la violencia y polariza la sociedad, especialmente a través de redes sociales. Los estudios sobre discurso de odio en España muestran que el 70% del odio social se percibe en esas redes. Es el odio digital que nace en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), un odio que siendo volátil tiene la capacidad de propagarse masivamente en las plataformas digitales (X, TikTok o Facebook). Pero el odio no ha necesitado de las TIC para asentarse en nuestras vidas, ya que el odio artesanal (el de toda la vida) ha existido desde el inicio de la humanidad, los seres humanos hemos heredado la tendencia a odiar. Es, esa aversión cultivada minuciosamente que va penetrando en círculos cercanos (familia, barrio, trabajo). El odio es uno de los pocos tabúes que no se pueden romper y que todos experimentamos.

Vivimos un ambiente de odio en las calles que no es algo que se haya manifestado recientemente, por desgracia lo estamos viviendo desde hace muchos años. Un odio contra españoles que no comulgan con el nacionalismo separatista, odio contra personas, caso de Alejo Vidal-Quadras, que encaja con otros atentados del régimen iraní a partir de 2018 contra figuras políticas occidentales, odio de los sectores separatistas vasco, discursos de odio hacia políticos y seguidores de ideología contrarias, etc. Resulta curioso que sea ahora, marzo 2026, cuando el Gobierno socialista haya presentado la herramienta HODIO (acrónimo de “Huella del Odio y la Polarización”), para monitorizar discursos de odio en redes sociales, con el fin de radiografiar la polarización y hacer rendir cuentas a las redes sociales, en un contexto de aumento de discursos de odio.

La idea no parecería mala si esta herramienta hubiera sido más consensuada, y sería creíble de no ser porque este presidente siempre deja la puerta abierta para que planee la sospecha de que oculta una segunda intención. Sospecha nada desencaminada cuando el Sr. Sánchez hace tiempo que decidió que es la derecha la que odia más. Nos dicen que la clasificación de toda la información que deberá analizarse correrá a cargo de modelos de lenguaje basados en la Inteligencia Artificial (IA) capaces de leer textos en cualquier idioma e interpretar el sarcasmo, la ironía y los emojis. Pero claro estos modelos lingüísticos deben entrenarse con conjuntos de datos etiquetados y siguiendo lo que el Gobierno haya fijado como “discurso de odio” (¿?). Es decir, la IA tendrá el sesgo procedente de las fuentes que usaran las máquinas, es decir el Gobierno.

Un estudio realizado por investigadores de la UOC (Universidad Oberta de Cataluña), dirigido por Ferran Lalueza, indica que, en el caso de España, las respuestas dadas por la IA sobre a quién votar apostará por el Psoe, y a la hora de abrir el abanico, te sugerirá a Podemos o a Sumar mucho antes que al PP o a Vox. Ante esto los investigadores dicen que los resultados son preocupantes al dar un sesgo de recomendaciones acorde con las fuentes que han usado las máquinas para realizar esas recomendaciones. No quiero ser mal pensado, pero después de leer este informe y sabiendo que las fuentes que manejaran HODIO serán gestionadas y controladas por el Gobierno sanchistas, me temo que nos vamos a encontrar con otro CIS (ahora CIHodio) que más que fiscalizar la polarización, controlará los discursos políticos y todo aquello que sea contrario al amo. Al tiempo.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 23-03-2026  


miércoles, 11 de marzo de 2026

TIBIEZA O ANGUSTIA AL DECIDIR

La tibieza y la angustia al decidir son experiencias muy humanas y tienen raíces distintas, aunque a veces se confunden. La tibieza es esa zona templada donde uno evita tomar partido. No es exactamente cobardía, sino más bien una estrategia de protección. Si no decides no te equivocas. Si no te comprometes no pierdes. Es el territorio del “ya veremos”, del “depende”, del “tampoco es para tanto”. Hay una comodidad engañosa ahí: la ilusión de que posponer es distinto a renunciar. La angustia ante la decisión es algo más activo y honesto, en cierto modo. Surge cuando uno ya sabe que tiene que elegir, pero siente el peso de lo que se cierran al elegir. Toda decisión real es una pequeña muerte: elegir un camino es abandonar todos los demás. La angustia es la conciencia de eso. Hay algo que los une: el miedo a la irreversibilidad, una forma de ansiedad paralizante con la toma de decisiones, donde la persona teme que una elección sea definitiva o imposible de corregir.

En política vemos partidos tibios a la hora de tener que acceder al gobierno, rechazan el compromiso de mostrar su forma de gobernanza. Prefieren estar en esa zona cómoda de crítica constante, de soflamas perfectamente dirigidas para atraerse a un electorado harto de la situación política por la que la sociedad está pasando. Son partidos atrapalotodo con una propaganda generalizada pero que nunca han demostrado su capacidad para llevar un gobierno. Su lema: Si no decides no te equivocas. Si no te comprometes no pierdes. Su propaganda es atrayente en temas que agobian a la gente: vivienda, migración, inflación, desempleo, sanidad…, lo cual les hace subir en encuestas y elecciones. Pero llegará el día, en que tendrán que dejar el palco y salir al ruedo para mostrar que lo sermoneado lo llevan a la práctica, y eso es harina de otro costal.

La tibieza en política se observa cuando un partido político tiene una actitud de evitar posiciones claras, firmes o valientes frente a temas importantes, optando por discursos ambiguos o decisiones poco contundentes para no incomodar a nadie. Es la falta de liderazgo, valentía o coherencia ideológica. Actualmente lo vemos tanto en España, como en la Unión Europea (UE). Hace años que la UE debía haber avanzado mucho más en la estrategia común de seguridad, en la integración de sus miembros o en la autonomía energética. No lo ha hecho y ahora pagamos ese retraso, justo cundo una nueva guerra amenaza con deteriorar la actividad económica y de defensa. Sin unidad no hay capacidad de hacer frente a las reformas pendientes, sin liderazgo se pierde el gobierno. Esa falta de liderazgo está también llevando a España al caos en la gobernanza, al estar centrada en la polarización, la dependencia de socios inestables y la gestión basada en la supervivencia electoral en lugar de un proyecto a largo plazo. Es la tibieza, es el “ya veremos”, es la perdida de autoridad, incoherencia y crisis de credibilidad.

Como decía Hannah Arendt: “La triste verdad es que la mayor parte del mal lo hacen personas que nunca se deciden a ser buenas o malas”. Es la tibieza de la persona que evita tomar partido en situaciones que exigen posicionamiento, a menudo por cobardía o por mantenerse en su zona de confort. Cuando una sociedad está tan enferma del corazón se transforma en una sociedad hipócrita que busca el equilibrio entre los valores espirituales y las comodidades. Sin embargo, la tibieza nunca será la solución: “Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap. 3:15-16). Es la fe sin compromiso real, una conformidad moral que nos impide diseñar nuestra vida y nos aleja del sentido verdadero.

La sociedad española muestra también esa tibieza que anula la conciencia humana, un estado de indiferencia moral o espiritual en el que la falta de compromiso y fervor provoca el apagamiento progresivo de la voz interior. Lo que implica justificar de forma constante tus propias decisiones, priorizando la conveniencia personal sobre los principios éticos. La acomodaticia forma de vivir que impera nos recuerda a la fábula del “Síndrome de la rana hervida”, mientras la rana está en agua tibia no se mueve, aumentamos la temperatura gradualmente, la rana permanecerá inmóvil, hasta que finalmente muere, incapaz de percibir el riesgo. Como decía San Agustín “A fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo…A fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo…A fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo…A fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo”. Es la pérdida gradual de la capacidad crítica y moral, fruto de la exposición constante al mal. Los tibios se apartan de la verdad, pues la verdad incómoda.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 11-03-2026 


lunes, 23 de febrero de 2026

UNA VISIÓN SOCIOLÓGICA DE LA AMISTAD

La sociología es la ciencia social que se encarga del análisis científico de la sociedad humana. Las relaciones sociales entre diferentes individuos que conviven dentro de una misma comunidad o sociedad han mostrado siempre un gran interés sociológico porque, a diferencia de los lazos familiares o laborales, representa una forma de vinculo social elegido libremente, igualitario y no consanguíneo que estructura la convivencia y el apoyo emocional en las sociedades modernas. Sociólogos como Georg Simmel destacaron que las díadas (parejas de amigos) son las unidades básicas que forman el tejido social y, a mayor escala, los amigos forman redes que conectan a los individuos en estructuras comunitarias más amplias (capital social).

Desde niños nos encontramos inmersos en una catarata de interacciones con variedad de personas, que como esponjas vamos absorbiendo información a través de un proceso que se da en contextos determinados: familia, escuela, instituciones religiosas, clubs deportivos, etc., donde las relaciones de amistad con otras personas surgen espontáneamente. Durante la adolescencia, la amistad ocupa un lugar central en la vida de los jóvenes. Una etapa donde los adolescentes aprenden a confiar, a escuchar y a resolver conflictos de manera saludable. Una fase, donde podemos encontrar amistades de buena calidad, donde hay compañerismo, ayuda, respeto y esa sensación de intimidad. Por el contrario, también podemos encontrar amistades peligrosas donde abundan los conflictos generando malestar y emociones negativas.

Para Aristóteles, la amistad (philia) es una virtud esencial, una necesidad absoluta para una vida feliz y buena, definida como una benevolencia recíproca entre iguales virtuosos. Distingue tres tipos: por utilidad, placer o virtud, siendo esta última la verdadera y duradera, donde el amigo es valorado por sí mismo y es considerado "otro yo”. Pero la amistad tiene una serie de riesgos que puede acabar con ella, siendo los principales: el egoísmo (pensar demasiado en ti y no en el otro), el orgullo (que nos impide ver las virtudes del otro y reconocer nuestros defectos), la intolerancia (hacia los defectos o errores del otro) y la traición (al quebrantar la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener). Un buen amigo debe respetar el ámbito familiar y no interferir en él, pues un amigo debe ser un apoyo nunca un obstáculo y menos un peligro. Descubrir que la amistad es unidireccional, donde tu eres el único que se esfuerza, invierte tiempo y ofrece apoyo genuino, marca el fin de la relación.

La verdadera amistad es un regalo que la vida nos ofrece que empieza desde la infancia y continua toda la vida. Una buena amistad nos ayuda en el proceso de socialización por el cual aprendemos a convivir con otras personas (normas, valores, formas de comunicación, cooperar, etc.). La socialización facilita la amistad, y ésta, refuerza la socialización, pues a través de los amigos aprendemos habilidades sociales clave (escuchar, negociar, apoyar, confiar). Una buena amistad actúa como un “amortiguador” de las dificultades de la vida, al compartir problemas, inquietudes, sueños y fracasos. Como escribía Jorge Luis Borges: “No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, no tengo respuestas para tus dudas o miedos, pero puedo escucharlos y compartirlos contigo” (Poema de la Amistad).

En la amistad dedicas tiempo a los demás creando lazos únicos que resisten los elementos del tiempo. Pero en la actual sociedad, liderada por la lógica económica y de mercado las relaciones de amistad no escapan a la ideología hegemónica de una mercantilización de esas relaciones. Donde se transforman los vínculos afectivos en relaciones utilitaristas, donde la interacción busca beneficios personales, convirtiendo a las personas en productos desechables de consumo. Ejemplo de ello lo podemos observar a través de las redes sociales donde hay un mercado de la amistad y del amor en el que nos exponemos como productos. No es lo mismo una relación de amistad que una relación de amor (ese amor sincero entre enamorados). Uno puede tener muchos amigos, pero solo un esposo y esposa, novio o novia. El amor de pareja suele incluir pasión y exclusividad, mientras que la amistad se basa en la camaradería libre de esas exigencias.

Cuando la amistad se enfoca exclusivamente en lo material, lo superficial o en la gratificación inmediata, estamos descuidando la cultura espiritual de la persona, y es entonces cuando el egoísmo continuará siendo el poder dominante, creando una tensión entre un sistema económico basado en el beneficio propio, y la necesidad de una base ética o espiritual para fomentar la solidaridad y la empatía en la sociedad. Una amistad verdadera debería elevar el alma y facilitar la conexión con lo divino, la ausencia o la indiferencia espiritual limita la madurez personal.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 23-02-2026