Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





miércoles, 22 de abril de 2026

CONVICCION Y RESPONSABILIDAD

El sociólogo alemán Max Weber definió la sociología como la ciencia que busca comprender interpretativamente la acción social —conductas humanas con sentido subjetivo referido a otros— para explicarla causalmente. En su ensayo “La política como profesión”, Weber define la política como la aspiración a participar en el poder y establece que el político profesional debe combinar la pasión, la mesura y la responsabilidad. En su ensayo diferencia la ética de la convicción (fidelidad absoluta a principios) de la ética de la responsabilidad (prever las consecuencias), siendo esta última la esencial para el ejercicio político. Al político auténtico la convicción le proporciona la motivación, siendo la responsabilidad la que debe guiar sus acciones para evitar el caos.

Siendo importante la convicción, hay muchos políticos que no calibran adecuadamente sus consecuencias, ya que al estar guiados por principios ideológicos rígidos no son capaces de valorar el impacto real que sus decisiones pueden tener sobre la sociedad. Esta tendencia puede derivar en políticas poco pragmáticas, ya que su fidelidad ideológica prevalece sobre la responsabilidad de asumir los efectos de sus acciones políticas o profesionales. Weber advertía de esta circunstancia al indicar que el sociólogo debe separar sus valores personales de la investigación científica para alcanzar objetividad. Y eso lo que estamos viendo con el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el sociólogo José Feliz Tezanos, que hace prevalecer en sus encuestas su partidismo político a la objetividad que requiere su responsabilidad institucional.

Hay políticos cuya convicción es la búsqueda de su propio beneficio en lugar del bien común lo que le aleja de la responsabilidad ética del estadista. Bajo el prisma de la ética de la convicción, la forma en que Pedro Sánchez está gobernando, sería duramente criticado al priorizar el fin (presidir el gobierno) sobre los principios innegociables a los que ha accedido (como pactar con formaciones que prometió no hacerlo). Esta falta de convicción le lleva a un “apetito de poder” vacío de ideales y de responsabilidad que le incapacitan para prever las consecuencias a las que nos está llevando. Si Weber hubiera conocido a Sánchez lo habría puesto como ejemplo del político incapaz de distinguir la ética de las convicciones de sus consecuencias, ya que sus criterios morales y políticos varían en función de las circunstancias que le pueden interesar.

Su política exterior es fiel reflejo de su política interior. La cumbre de Barcelona (un guateque pagado por el anfitrión del acto, Alex Soros) no deja de ser una réplica de su mayoría parlamentaria, un grupo de gobernantes solapados al comunismo de Xi Jinping que incorpora a España al archipiélago comunista chino en detrimento de Occidente y de la Unión Europea. Una desfachatez que no tiene reparos en alzarse con la bandera de la democracia, ni en encumbrarse como líder internacional de la izquierda. Un adalid que con su impronta “no a la guerra” la hace difícil de digerir con quién es homenajeado por Irán, China, Hezbolá, Hamás, el chavismo y toda la extrema izquierda indigenista.

Su veleidad le hace mentir y creerse lo que dice, sin importarle las consecuencias. En su último viaje a Pekín indicaba la necesidad de “respetar el derecho internacional”, siendo su Ejecutivo el primero en no respetarlo al incumplir 27 condenas por las renovables, cuyos laudos pendientes de pago suman más de 2.300 millones de euros, una deuda que no se estaría acumulando si España se limitase a “respetar el derecho internacional”, algo que choca abiertamente con su discurso sobre la seguridad jurídica y el imperio de la ley. Su relativismo moral le lleva descaradamente al cinismo y la arbitrariedad. Como su empalagosa complicidad con China, un régimen que viola los derechos humanos, que encarcela a los disidentes, que ha aplastado la libertad en Hong Kong, y que se ha anexionado el Tíbet. Su falta de ética de convicción y de responsabilidad le hace unirse con el

dictador Xi Jinping en el “lado correcto de la historia”. ¡Es China, estúpido! Donde el derecho de los individuos es un lujo prescindible.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 22-04-2026 (Papa ❤)

viernes, 10 de abril de 2026

EL COMODIN DEL ABORTO

Nuestra sociedad suele conceder como cierto lo que machaconamente difunden los medios o los partidos políticos, cuya información sesgada está alejada de cualquier realidad científica o religiosa. Observamos que temas trascendentes como el aborto son tratados y determinados por la moralidad hegemónica de una clase o grupo dominante que por intereses espurios promueve y presenta como universales y naturales, logrando que la mayoría de la sociedad los acepte como “normales”. Este tipo de hegemonía se mantiene con el propósito de polarizar, enfrentar y tensionar al no admitir consenso y cuyo medio utilizado es la discusión.

En el caso del aborto, el debate enfrenta dos valores fundamentales: la autonomía reproductiva de la mujer y el derecho a la vida humana, que a menudo se consideran irreconciliables. Por otro lado, las leyes varían significativamente entre países y regiones, lo que demuestra que no hay un acuerdo universal sobre cómo debe regularse o penalizarse el aborto. Pero el debate sobre el aborto a menudo trasciende la esfera de la salud pública y los derechos individuales para convertirse en una herramienta de confrontación política y cortina de humo para desviar la atención de otros asuntos estructurales. Pero cuando la política instrumentaliza el aborto, pierde su dimensión ética y la dignidad humana se ve comprometida por intereses partidistas.

El juicio en el Tribunal Supremo contra el exministro de Transportes José Luis Ábalos, su exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama, también pone el foco en la posible corrupción del sanchismo. Un primer juicio, el de las mascarillas, que previsiblemente le costará, al que fue el “alter ego” de Sánchez y voz de la moción de censura contra Rajoy (en nombre de la regeneración democrática), varios años de cárcel. Una situación que obliga al Ejecutivo a sacar de la manga otro comodín: el aborto, nueva cortina de humo para tapar sus inmundicias. Dicho y hecho. El Consejo de ministros, tras su reunión semanal, anuncia su intención de reformar la Constitución para que contemple el aborto como un derecho, pese a carecer de la mayoría cualificada necesaria para hacerlo efectivo. Una propuesta que coincide con el inicio del juicio al exministro y exsecretario de Organización del Psoe José Luis Ábalos.

Conscientes de los hábitos de este Gobierno que busca siempre el beneficio propio o un objetivo específico, intuimos que esta “coincidencia” es un claro intento de condicionar el debate político en el contexto judicial en el que se produce el anuncio. Una sospecha fundamentada en que el reparto de escaños en el Congreso niega cualquier viabilidad a la reforma, ya que la modificación constitucional exige mayoría reforzada que el Gobierno no tiene, ni siquiera con sus socios de legislatura. La utilización de la Carta Magna exige consenso, permanencia y un propósito claro de mejora real del ordenamiento, por ello, resulta improcedente su uso como confrontación coyuntural. Algo que poco le importa a un presidente que pone sus intereses personales por encima de cualquier reflexión ética, política o moral.

La estrategia de utilizar el aborto como una herramienta de utilización política, en lugar de una verdadera defensa de la mujer, expone las contradicciones de una coalición de izquierdas que defiende lo público al mismo tiempo que con sus hechos lo corrompe. Un Ejecutivo que dice defender los derechos de la mujer, “ser socialista es ser feminista”, pero que al final solo los manipula descaradamente. Utilizar de manera inapropiada la Constitución, sabiendo que la reforma anunciada carece de viabilidad, solo responde a una oportunidad política en descrédito de la confianza en las instituciones, además de sacrificar el bienestar integral de las mujeres y la consideración de la vida. 

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 10-04-2026 



lunes, 23 de marzo de 2026

HODIO

La idea de que el odio y el mal comenzaron con la rebelión de un ángel contra Dios es un concepto teológico y mítico fundamental en varias tradiciones religiosas, especialmente en el cristianismo, el judaísmo y el islam. El ángel que se reveló se le conoce como Satanás, el Diablo, “un mentiroso y el padre de la mentira”, que no ha dejado de generar odio y violencia (Jn 8:44). El odio, en psicología, es una emoción intensa y prolongada acompañada de sentimientos de rechazo o daño hacia una persona, grupo o situación. Unos sentimientos descritos a la perfección por Mathieu Kassovitz, director de la película francesa “La Haine” (El odio). La película muestra cómo la marginación, la brutalidad policial y la falta de oportunidades convierten la rabia en una fuerza destructiva e incontrolable. La moraleja principal de la película es que el odio engendra más odio, creando un ciclo vicioso e infinito que termina destruyendo a todos los involucrados.

En los conflictos sociales el odio actúa como una fuerza destructiva que erosiona la cohesión, fomenta la violencia y polariza la sociedad, especialmente a través de redes sociales. Los estudios sobre discurso de odio en España muestran que el 70% del odio social se percibe en esas redes. Es el odio digital que nace en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), un odio que siendo volátil tiene la capacidad de propagarse masivamente en las plataformas digitales (X, TikTok o Facebook). Pero el odio no ha necesitado de las TIC para asentarse en nuestras vidas, ya que el odio artesanal (el de toda la vida) ha existido desde el inicio de la humanidad, los seres humanos hemos heredado la tendencia a odiar. Es, esa aversión cultivada minuciosamente que va penetrando en círculos cercanos (familia, barrio, trabajo). El odio es uno de los pocos tabúes que no se pueden romper y que todos experimentamos.

Vivimos un ambiente de odio en las calles que no es algo que se haya manifestado recientemente, por desgracia lo estamos viviendo desde hace muchos años. Un odio contra españoles que no comulgan con el nacionalismo separatista, odio contra personas, caso de Alejo Vidal-Quadras, que encaja con otros atentados del régimen iraní a partir de 2018 contra figuras políticas occidentales, odio de los sectores separatistas vasco, discursos de odio hacia políticos y seguidores de ideología contrarias, etc. Resulta curioso que sea ahora, marzo 2026, cuando el Gobierno socialista haya presentado la herramienta HODIO (acrónimo de “Huella del Odio y la Polarización”), para monitorizar discursos de odio en redes sociales, con el fin de radiografiar la polarización y hacer rendir cuentas a las redes sociales, en un contexto de aumento de discursos de odio.

La idea no parecería mala si esta herramienta hubiera sido más consensuada, y sería creíble de no ser porque este presidente siempre deja la puerta abierta para que planee la sospecha de que oculta una segunda intención. Sospecha nada desencaminada cuando el Sr. Sánchez hace tiempo que decidió que es la derecha la que odia más. Nos dicen que la clasificación de toda la información que deberá analizarse correrá a cargo de modelos de lenguaje basados en la Inteligencia Artificial (IA) capaces de leer textos en cualquier idioma e interpretar el sarcasmo, la ironía y los emojis. Pero claro estos modelos lingüísticos deben entrenarse con conjuntos de datos etiquetados y siguiendo lo que el Gobierno haya fijado como “discurso de odio” (¿?). Es decir, la IA tendrá el sesgo procedente de las fuentes que usaran las máquinas, es decir el Gobierno.

Un estudio realizado por investigadores de la UOC (Universidad Oberta de Cataluña), dirigido por Ferran Lalueza, indica que, en el caso de España, las respuestas dadas por la IA sobre a quién votar apostará por el Psoe, y a la hora de abrir el abanico, te sugerirá a Podemos o a Sumar mucho antes que al PP o a Vox. Ante esto los investigadores dicen que los resultados son preocupantes al dar un sesgo de recomendaciones acorde con las fuentes que han usado las máquinas para realizar esas recomendaciones. No quiero ser mal pensado, pero después de leer este informe y sabiendo que las fuentes que manejaran HODIO serán gestionadas y controladas por el Gobierno sanchistas, me temo que nos vamos a encontrar con otro CIS (ahora CIHodio) que más que fiscalizar la polarización, controlará los discursos políticos y todo aquello que sea contrario al amo. Al tiempo.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 23-03-2026