Un nuevo accidente ferroviario, en Adamuz (Córdoba), azota de nuevo las entrañas de los españoles. El hecho ocurrió el pasado 18 de enero, entorno a las 19,45 horas de la tarde, cuando un tren de Iryo (trayecto Málaga-Madrid) descarrilo invadiendo la vía contigua y chocando (¿?) con otro tren Alvia que circulaba en sentido contrario (trayecto Madrid-Huelva). El incidente nos trae a la memoria otra desgracia acaecida quince meses antes en la Comunidad Valenciana, ambos infortunios han destrozado familias que han perdido seres queridos. Y en ambos casos planea la idea de una gran falta de competitividad, eficiencia y responsabilidad de las instituciones afectadas.
En el caso de Adamuz, la izquierda mediática empieza a ponerse la venda antes de la herida, diciendo: ¡No politicéis la desgracia!, al ser conocedores de que el accidente ferroviario va a salpicar de lleno al Gobierno y a su partido político. Es curiosa esa actitud en un socialismo que ha politizado todo aquello que le ha servido para atacar a su adversario político. Recordemos la politización del caso Prestige, o el atentado de Atocha cuya politización dio un vuelco electoral que se veía imprevisible, o que las muertes de ancianos por Covid solo están en Madrid, o que los responsables de las muertes por la “dana” en la Comunidad Valenciana tienen un solo culpable: el PP. No politicéis dicen quienes ante cualquier desgracia miran primero al signo del Gobierno de turno y luego deciden si ha sido una catástrofe natural o un signo de incompetencia.
Una de las características del sanchismo, a lo largo de su gobierno, ha sido el de privilegiar la ideología a la meritocracia. El esfuerzo, la formación o la experiencia pesan menos que la afinidad ideológica, las redes de poder o la identidad política en determinados ámbitos. Esta es la sensación que anida en la ciudadanía española ante la politización de las instituciones con nombramientos “de partido”, falta de transparencia en procesos de selección pública o en subvenciones, y ayudas o decisiones técnicas de importancia que acaban tomándose por interés ideológico. Este es el panorama de nuestra España, la de un país parasitado donde el mérito para el puesto radica en estar cerca del amo y hacer lo que él te pida. Ese interés partidista es el que el sanchismo ha utilizado en el Ministerio de Transportes poniéndolo en las manos corruptas de Ábalos, luego, en la reprobada Raquel Sánchez, y ahora en el oportunista Oscar Puente, donde a pesar del ciclo boyante de recursos no han sabido frenar este caos.
La meritocracia es esencial en la función pública y una premisa para la neutralidad y la eficacia de las instituciones. Cuando esa lógica se deteriora, se resiente la confianza ciudadana y se debilita la independencia de las instituciones. Dos accidentes mortales en tres días (Adamuz y Cercanías de Cataluña) conforman un balance insoportable que se está traduciendo ya en una percepción de falta de control en la red ferroviaria. En este contexto, el Gobierno parece decidido a repetir el patrón con el que se condujo en la crisis del apagón: no ofrecer respuestas claras y tratar de enmarañar las explicaciones para confeccionar un relato que les permita eludir las responsabilidades.
No politicéis la desgracia… tan solo porque no lo pueden politizar ellos. La tragedia de Adamuz con 45 fallecidos y más de un centenar de heridos ha sido el accidente más grave de Europa desde Angrois (2013). En Grecia un accidente parecido en 2023 derivó en la dimisión inmediata del entonces ministro de Transportes (homólogo de Óscar Puente), ya que era, según dijo, lo mínimo que podía hacer para honrar la memoria de las víctimas. Puente carece de crédito para abordar una crisis de esta magnitud. Hay demasiados antecedentes de este tuitero camorrista que aprovecha cualquier ocasión para denigrar al adversario, como ya sucedió este verano con los incendios donde el ministro se convirtió en pirómano político.
El tiempo irá pasando, que es el interés inmediato del Ejecutivo para seguir en el poder, y las causas del accidente irán dilatándose, la izquierda mediática saldrá en todos los medios de comunicación insistiendo en que lo sucedido es causa del cambio climático o de un conejo que pasaba por allí, que no se debe politizar la desgracia y que debemos todos ayudar a salir de esta situación. Amén.
José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)
Publicado 22-01-2026