Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





sábado, 9 de marzo de 2024

REFERENCIAS GENERACIONALES EN ESPAÑA

 

Con referencias generacionales en España deseo destacar las diferentes actitudes, valores y comportamientos entre personas de diferentes generaciones. Para facilitar esas referencias se utilizan clasificaciones por grupos de edades que posibilitan observar sus circunstancias vividas y visión de futuro. Es una distinción convencional pues, evidentemente, hay mucha mezcla entre unas y otras. Su interés radica en permitir analizar a un grupo de personas que comparten simultáneamente una experiencia demográfica al que observar durante un cierto tiempo.

En España, la generación de la II Guerra Mundial o “grandiosa” se correspondería, aproximadamente, con la generación que vivió la Guerra Civil (nacidos entre 1901 y 1927). Tras los años de austeridad y autarquía, la generación que tomó el protagonismo para construir la nación fue la “generación silenciosa” (nacidos entre 1928 y 1945). Esta generación se aprestó a formarse más a conciencia que la de sus padres, adquiriendo mayor competencia laboral, trabajando más intensamente y sin mostrar un carácter reivindicante frente al sistema. Que formó la fuerza de trabajo que salió de la economía intervenida a la etapa de los llamados “felices años sesenta”, centrado en abrir la economía al exterior e ir liberalizando la interior para mejorar el sistema de mercado. Esta generación fue rebasada por la de los primeros “boomers” (nacidos entre 1945 y1964) aupada por el cambio político y el resurgimiento de otros puntos de vista de izquierdas y críticos con el sistema.

Los niños de la “generación X” (nacidos entre 1965 y 1981), nacieron en una época de cabios sociales y tecnológicos (como el nacimiento de internet) y han convivido con tasas de desempleo elevadas, lo que los lleva a ser una generación con una visión escéptica del futuro. La siguiente generación es la Y o “generación del milenio” (nacidos entre 1982 y 1994), compuesta por personas adaptadas a la tecnología y que la utilizan como algo natural. Están más acostumbrados a la inestabilidad y más proclives a la movilidad laboral que las anteriores. Les siguen, la llamada “generación Z”, aquellas personas nacidas entre 1995- (hasta la actualidad). Son los verdaderos nativos digitales, que están comenzando a incorporarse al mercado de trabajo. Un mercado de trabajo poco prometedor, teniendo en cuenta que el paro juvenil en España (último trimestre de 2021) de 15-24 años del 31,1%, frente a una media del 15,9% en la UE-27.

Debemos indicar que la generación Z tiene un futuro muy difícil, pues nos encontramos que en los últimos 15 años el avance de la economía ha sido nulo: sin crecimiento real del PIB per cápita y con unas cuentas públicas desequilibradas, cuyo aumento del déficit ha alcanzado unos niveles de muy difícil recuperación. A esto debemos añadir el paro juvenil, ya indicado, así como las escasas soluciones del gobierno para mejorarlo, al estar más en políticas de rentabilidad electoral que en aquellas otras que pudieran favorecer a los jóvenes. Una generación, la Z, que se enfrenta a: una precariedad laboral (el 25,4% trabaja con contratos a tiempo parcial); sueldos más bajos (un 35% inferiores a la media); con un 53,2% con dificultades para llegar a fin de mes. Su escaso peso demográfico, el 14,8% de la población, reduce su influencia a nivel político, quedando sus problemas relegados frente a otros colectivos más numerosos. (datos INE, población activa 2022) Esta situación lleva a los jóvenes actuales a no tener la misma visión de futuro que la juventud del pasado, en relación con algunos acontecimientos de sus proyectos de vida (nupcialidad, emancipación y fecundidad), cuyos datos demoledores hielan cualquier esperanza futura y nos lleva a pensar que España no es apta para jóvenes.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado el 9-3-2024.


martes, 20 de febrero de 2024

LAS TRAMPAS NO DAN VENTAJA

Es habitual dar por sentado que los seres humanos, por el hecho de ser capaces de razonar, nos comportamos de una manera racional; es decir, que tomamos decisiones basadas en el razonamiento lógico y el interés propio. Sin embargo, hay mucha evidencia que muestra que el razonamiento a menudo conduce a distorsionar la verdad y a malas decisiones. El psicólogo social estadounidense Leon Festinger propuso en 1957 la “teoría de la disonancia cognitiva”, para explicar la ansiedad o incomodidad que experimenta la persona cuando sus actitudes o creencias chocan o entran en conflicto con sus actos. Un ejemplo muy ilustrativo es el de las personas fumadoras, saben que fumar es malo para la salud y siguen fumando mucho ¿Por qué lo hacen, sabiendo que puede causarle daños irreparables? No pueden evitar su deseo que supera a la razón e inventan lo que sea para explicar la ansiedad que sienten por el tabaco. Se autoengañan y mienten.

Festinger y su colega James M. Carlsmith demostraron que la mente de los embusteros resuelve la disonancia cognitiva aceptando la mentira como una verdad. Los mentirosos, en su dilema, para justificar lo injustificable, tienden a cambiar de opinión para racionalizar sus acciones. Evidentemente cambiar de opinión, o incluso de opciones de vida, en principio es saludable. No lo es tanto si esos cambios de opinión son tan continuos que llevan a tomar decisiones injustificadas, incongruentes o erróneas, lo cual es tan negativo como no tener ni idea de qué hacer ante un problema. En el ámbito político, los cambios continuos de opinión obligan a vivir a la defensiva y mantener ambientes caldeados y divididos. Es la polarización de unos frente a otros, es el estar conmigo o contra mí. No se trata de ideología, sino de marketing para disfrazar el engaño que es inmune. Esos políticos que viven del engaño consideran la mentira necesaria por la simpleza y estupidez del pueblo.

Cuando el mentiroso que nos gobierna quiere explicar que su cambio de postura en el indulto no es cambio de opinión, se le ve claramente que es un rehén de sus mentiras. Es el trilero que amaga la bola y la mueve a su capricho siempre vencedor. Su osadía le hace inmune ante las criticas y abucheos constantes de la ciudadanía, que cada vez se da más cuenta de que el Psoe está sometido a la hegemonía nacionalista e independentista, y que busca a su amparo la supervivencia política en las regiones. Actualmente los partidos nacionalistas vascos y catalanes tienen al Psoe como su partido delegado. Es cierto que no son nada sin él; pero el Psoe ya no puede gobernar sin ellos. Al final observamos como las trampas no dan ventaja, y así lo hemos visto en las últimas elecciones gallegas del pasado domingo.

En las elecciones del 18F, se ha reproducido uno de los aspectos centrales de la era sanchista: la coalición, perfectamente asumida y trabajada, entre socialistas y nacionalistas periféricos. También podríamos indicar al caso vasco como ejemplo de la disposición del Psoe a asumir un rol subalterno a los nacionalistas. Pero las mentiras arrojadas durante la campaña electoral por los partidos populistas y de izquierdas, con el Psoe a la cabeza, no han calado en la comunidad gallega. La estrategia de Sánchez ha acabado en descalabro y el apoyo de sus socios separatistas, después del revés electoral, va a subir de precio. Las aparentemente audaces apuestas del presidente nunca estuvieron fundadas en una previsión inteligente ni en una estrategia racional, a pesar de las trampas del CIS de Tezanos. Si algo esta cada vez más claro, a la vista de los últimos acontecimientos electorales y hostigamientos independentistas, es que la defensa de la unidad nacional y del orden constitucional ha quedado exclusivamente en manos del PP.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado el 20-2-2024.

martes, 6 de febrero de 2024

EMULANDO A FAUSTO

Desde Adán y Eva, a lo largo de la historia se repiten acontecimientos sobre aquellos que, por conseguir, fama, riqueza o juventud eterna venden lo más preciado que tienen al demonio, aun sabiendo que el trato no suele acabar bien. Es Fausto, probablemente, el más famoso de todos los insensatos que por conseguir sus ambiciones renuncia a la integridad moral para alcanzar el poder y el éxito durante un plazo limitado. La historia se hizo popular gracias a Johann Wolfgang von Goethe cuyo personaje central, basado en Johann Georg Faust (1480-1540), vende su alma a Mefistófeles (demonio del folclore alemán) a cambio de conocimiento y placeres mundanos.

A finales del siglo XVI, cuando habían transcurridos unos cincuenta años desde la muerte del Johann Faust real, se publicó en Frankfurt un librito de bolsillo titulado "Historia von D. Johann Fausten” (La historia del doctor Johann Faust), que narraba brevemente una biografía ficticia de Faust, que llevaba varias décadas muerto. La historia relata como Faust invoca al Diablo y este aparece como Mefistófeles que cortésmente saluda al doctor y le pregunta cuál es el propósito de su invocación. Su respuesta es simple: desea obtener el conocimiento más elevado, la revelación de los grandes secretos y misterios de la existencia que les están vedados a los seres humanos. Pero Mefistófeles, duro negociador, regatea sin descanso tratando de obtener el trato más ventajoso posible. Cuando por fin llegan a un acuerdo, el pacto se redacta en un documento que el doctor Fausto sella entintando una pluma con su propia sangre.

Los mitos y las leyendas suelen expresar grandes verdades y nos ayudan a comprender el presente pese a su origen remoto. La historia nos ofrece abundantes ejemplos de como para conseguir un fin no escatima el ser humano en utilizar cualquier medio a su alcance incluso, como el Dr. Faust, vender su alma al diablo. El demonio es un espíritu que adopta múltiples formas para engatusar al ser humano y hacerle caer en la tentación para culminar sus deseos. Fausto podría haberse llamado así o de muchas otras maneras ya que observamos en la actualidad situaciones que lo emulan, es decir, imitan sus acciones llegando a igualarlo o superarlo. Es el caso de Pedro Sánchez (Fausto) y Puigdemont (Mefistófeles). El primero vende su alma al segundo a cambio de poder.

Pero no siempre sale como Fausto desea ya que el que dispone el final siempre es el diablo. Los pactos que el Psoe, con Sánchez a la cabeza, conceden a Junts, por expreso deseo de Puigdemont, son un claro ejemplo. Nada queda asegurado cuando se pacta con el demonio, un duro y escurridizo negociador que no dudará en hacer lo que sea hasta conseguir el trato más ventajoso para él y no le importará nada el destino de Fausto es más disfrutará denigrándolo. El intento de aprobar la Ley de Amnistía por el Parlamento es una muestra de ello, pues se ha visto como los pactos no estaban tan amarrados como se decía y la cara del resiliente presidente no encajaba con el vapuleo de Junts.

El folklore, que significa aprehender lo existente, evitar que la memoria se pierda, nos debe ayudar a comprender el presente y descubrir nuevas vueltas al origen. Quizás habría que solicitar que esta bajada al origen de los mitos fuera compartida por mucha más gente. Pero por desgracia nunca es así. Fausto y su “Mefistófeles” se nos aparecen como una categoría que los humanos han ido perfeccionando desde un deseo más o menos oculto de alcanzar o lograr lo deseado. Fausto pretende romper la falsa armonía del mundo a costa de implantar un fragmento del caos, a cambio de conseguir un poder limitado. Emulando a Fausto, es posible, que al risueño y sonriente Sánchez le cueste la Moncloa.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado el 6-2-2024.