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"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





sábado, 27 de junio de 2026

PROFUNDA CRISIS DE IDENTIDAD

Robert Schuman (1886–1963), político francés de origen germano-luxemburgués es considerado el principal arquitecto y padre fundador de la Unión Europea (UE). Su histórica Declaración Schuman del 9 de mayo de 1950 proponía la gestión conjunta y supranacional de la producción de carbón y acero entre Francia y Alemania, sentando las bases de la actual Europa unida. Esta iniciativa, abierta a otros países europeos, pretendía que una nueva guerra entre las naciones europeas fuera materialmente imposible, buscando eliminar la rivalidad histórica mediante la cooperación.

Sin embargo, esa cooperación ha hecho aguas, evidenciando que la UE se enfrenta a amenazas de gran magnitud cuyo problema no es el diagnostico (ahí están los informes Draghi y Letta), sino la falta de voluntad política de los gobiernos. Unos gobiernos tan europeístas de boquilla pero que allí donde la UE tiene competencias para actuar ponen trabas e incluso bloquean los avances que la Unión necesita. Como la de armonizar las normas nacionales clave para la actividad empresarial que permita una competitividad de la industria europea que, tras tres décadas de mercado único europeo, siguen sin operar en la UE como si se tratara de un solo país. La creciente brecha de competitividad frente a potencias como Estados Unidos ha provocado un estancamiento económico que fractura la cohesión.

“Europa necesita un alma, un ideal y la voluntad política de alcanzarlo”. Con estas palabras de Robert Schuman, Ursula Von del Leyen la presidenta de la Comisión Europea inició su discurso ante el pleno del Parlamento Europeo en su segundo debate sobre el estado de la Unión (2021). La célebre frase de Schuman advierte que el proyecto europeo no puede sostenerse únicamente sobre el mercado único y el libre comercio. Requiere: Un alma, entendida como la defensa de un humanismo compartido, la solidaridad entre sus pueblos y el respeto por los derechos fundamentales. Un ideal, la promoción de la paz, la estabilidad democrática y un modelo de convivencia basado en la diversidad cultural. Voluntad política, la capacidad de los 27 Estados miembros para actuar al unísono, cediendo soberanía en aras del bienestar colectivo y asumiendo una autonomía estratégica frente a los desafíos globales.

El humanismo compartido es una perspectiva ética y filosófica que debe promover la idea de que todos los seres humanos comparten atributos, necesidades y derechos fundamentales. Un concepto que se construye sobre varios pilares: ética universal, dialogo y respeto, liderazgo, y dignidad. Unos pilares que contribuyeron en nuestros padres fundadores a crear una Europa unida y compartida, donde prime el desarrollo integral, la empatía y el trabajo colaborativo en lugar del interés estrictamente individual. La Europa que ya no sirve es la que dejo de ser un proyecto político al servicio del ciudadano para ser capturada por grandes corporaciones y una clase dirigente que ha construido una arquitectura institucional pensada para blindarse frente a los pueblos que representa.

En la construcción de la Unión Europea han primado factores de integración política, económica y monetaria, pero a pesar de algunos (y notables) éxitos, la ciudadanía parece mostrar un creciente escepticismo hacia la Unión Europea y la falta de una serie de valores comunes es un punto que merece la pena tener en cuenta. Pero en el fondo de la cuestión permanece la profunda crisis de identidad y valores que envuelve a Europa y, por extensión, a Occidente.

Benedicto XVI, en su Discurso ante el Bundestag alemán (22/09/2011), establecía que, “La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa”. Fue bajo el signo de la Cristiandad como Europa tuvo por primera vez conciencia de sí misma en cuanto comunidad de pueblos poseedores de valores morales y objetivos espirituales coparticipado. Están ahí y seguirán estando, aunque la secularización iniciada a partir del siglo XIX haya hecho que a veces olvidemos de dónde venimos.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 27-06-2026 

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