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MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





domingo, 21 de enero de 2018

TRAJE NUEVO DEL PRESIDENTE



Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día oyó a Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. La prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo, por supuesto, no había prenda alguna. El emperador, sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, envió primero a dos de sus hombres de confianza a verla. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino. El rey fue vestido con la inexistente prenda, por los picaros sastres, y salió con ella a un desfile, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: ¡Pero si va desnudo!
Este cuento de Hans Christian Andersen publicado en 1837, “Traje nuevo del emperador”, sirve de referencia de lo que está ocurriendo en nuestra querida y nunca olvidada Cataluña. Los independentistas siguen con su fabulación de investidura de un presidente que como el emperador del cuento va desnudo -sin amparo legal- y nadie quiere decirlo por miedo a ser tachados de locos. Pero paradójicamente es, ese delirio, lo que les encaja en lo que no quieren ser, unos chiflados. Unos alienados, como lo demuestran los dos principales partidos independentistas de Cataluña -Juntos por Cataluña e Izquierda Republicana de Cataluña-, manteniendo su desafío con el anunciado acuerdo para investir como presidente regional a Carles Puigdemont, que pretende asumir a distancia desde Bélgica la citada representación. Una postura inasumible, ilegal y absolutamente perjudicial para los intereses de todos. Una situación en la que una amplia (y usualmente sin poder) mayoría de independentistas deciden de común acuerdo compartir una ignorancia colectiva de un hecho obvio, aun cuando individualmente reconozcan lo absurdo de la situación. Dos partidos que, como Guido y Luigi, quieren hacerle un traje al presidente con la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo.
Este cuento insiste en las limitaciones inherentes a la percepción humana de la realidad. Una disposición que pone de manifiesto la relatividad de la condición humana. La opacidad o la naturaleza inexpresable de la verdad, el comportamiento de las personas que votan a unos partidos que les mantienen en una nube de mentiras. Un pueblo que observando la desnudez de sus planteamientos siguen viendo, defendiendo y, lo que es peor, participando en la ruina de un gran pueblo. El cuento invita por lo tanto a la reflexión sobre estas limitaciones que el odio, el rencor y la tozudez le mantienen ciegos ante una realidad manifiesta, y nos demuestra que nunca debemos llevarnos por criterios ajenos, sino decir la verdad siempre y pensar por nuestra propia cabeza.
Sin embargo, la falta de honradez para reconocer sus limitaciones los lleva a un sin pensar, a un vivir ajeno a la realidad que los rodea. Prefieren como los enajenados vivir con la mentira a afrontar la verdad. Un existir en la post verdad, en continuos prejuicios que carecen de fundamentos verificables, pero aun así se prefiere a la verdad probada por hechos objetivos. Cuando el prejuicio es más importante que el juicio, cuando el convencionalismo es tan importante para ti que no estás dispuesto a ponerlos en cuestión por el dato, la verdad, la evidencia o el hecho, eres capaz de asumir que, por ejemplo, la postura del soberanismo catalán es cierto, más aun, no necesita de explicaciones. Es una manera de evitar el coste psicológico, emocional e intelectual de cambiar. La gente busca certezas fáciles y rápidas aunque sean mentiras.
Como en el cuento de Andersen, el “President” quiere ser investido con la inexistente dignidad, por lo picaros soberanistas, y saldrá, de nuevo, a decir que es el nuevo ocupante del regio y lujoso refugio en Bélgica –nueva sede del parlamento catalán-, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder ver lo que el resto del mundo veía. Su entorno, esa parte del pueblo catalán que sigue con su locura independentista, alabará su nueva investidura, temerosos de que el resto de vecinos catalanes se den cuenta de que nadie es capaz de aceptarlo. Y como en el cuento tendrá que salir un niño y decirles: ¡Pero si va desnudo!

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Blog: http://josantoniopuig44.blogspot.com.es/
Twitter: @japuigcamps
Publicado 21-01-2018

martes, 2 de enero de 2018

EN BUSCA DE LA VERDAD



Hace casi dos mil años, la Verdad fue sometida a juicio y juzgada por la gente que era adicta a las mentiras. De hecho, la Verdad enfrentó seis juicios en menos de un día completo, tres de los cuales fueron religiosos, y tres fueron legales. Al final, pocas personas implicadas en esos acontecimientos podían responder a la pregunta, "¿Qué es la verdad?". La verdad no es simplemente lo que funciona. La verdad no es lo que hace sentir bien a la gente. La verdad no es lo coherente o comprensible. La verdad no es lo que la mayoría dice que es la verdad. Aquellos que siguen la filosofía del escepticismo simplemente dudan de toda verdad. Los discípulos del postmodernismo no afirman ninguna verdad, en particular su patrón Frederick Nietzsche la define como ilusiones y en su obra filosófica “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” muestra que al hombre no le importa lo más mínimo la verdad, le es indiferente. Y una cosmovisión popular manifestará que todas las afirmaciones de la verdad son igualmente válidas. La palabra “verdad”, en hebreo (emeth), significa "firmeza," "constancia," y "duración”. Tal tesis implica una sustancia eterna y algo en que se puede confiar.
Vivimos en un mundo escéptico, sin credo y sin confianza. Un mundo que solo cree lo que ve y, muchas veces, ni eso. Somos una sociedad tan incrédula que no somos capaces de creer en nosotros mismos. Solo queremos vivir sin problemas, deseamos que nadie nos cree dificultades y nos sentimos cómodos en la tibieza. La tibieza es principalmente una actitud de la voluntad, una decisión consciente, un estado admitido a sabiendas. Seres adormecidos que nunca han pensado en tomar una decisión respecto de su voluntad. Estos tibios están siempre alejándose de la verdad, en realidad poco les importa pues viven siempre apartados de todo aquello que les pueda incomodar, y la verdad incómoda. Esta forma de vivir acomodaticia me recuerda a la fábula del “síndrome de la rana hervida”, del escritor suizo Olivier Clerc. Si colocamos una rana en agua hirviendo, el animal inmediatamente da un salto y sale del agua. Pero si colocamos la rana en agua tibia y vamos aumentando lentamente la temperatura hasta que hierva, la rana no salta. Se queda allí sentada y muere. Cuando nos adaptamos a llevar una vida de bienestar, alejada de afectos, ternura o amor, estamos en realidad apartando toda espiritualidad de nuestro ser, estamos aceptando vivir –como la rana- en agua tibia, que al ir subiendo de temperatura nos irá alejándonos de la posibilidad de huir. Es en realidad una incapacidad para cambiar nuestro estado de reposo y escapar de la angustia que nos rodea.
La tibieza nos quita toda fortaleza, una virtud que nos llama a tener la valentía de enfrentarnos a las verdades que nos rodean y que somos incapaces de ver. La fortaleza implica decisión, conocimiento y confianza, disposiciones para afrontar los peligros y las adversidades por una causa justa. Implica resistencia, paciencia, humildad y acción. Es importante que vayamos conquistando ese valor que nos ayude a salir de la tibieza y manifestarnos con la verdad. Hay un nivel de verdad, vitalmente importante para los seres humanos, que se encuentra más allá del mundo natural demostrable y explicable. En realidad esta verdad es a menudo más importante y esencial para los seres humanos porque es una verdad eterna, inmutable, que no queda nunca a merced de las diferentes teorías históricas y del capricho de los científicos. Esta verdad es nuestro alimento espiritual, para fortalecer nuestra existencia. Una fortaleza espiritual que es reserva de fuerza moral que permite perseverar en la acción aun cuando todo parezca perdido, que es reserva de valentía que cada uno tiene dentro de su corazón.
Hemos creado un mundo material, funcional, práctico, científico. Un mundo lleno de agua tibia, alejado del “porqué” de las cosas. Un planeta con grandes inventos que, siendo importantes, no han alterado “quiénes” somos como seres humanos, no nos han descubierto la verdad de nuestro ser, ni de la razón de nuestra existencia. Inventos que nos han facilitado la vida de tal manera que nos hacen perder el camino para salir de nuestra tibieza. Un camino que no encontramos al buscarlo fuera de nosotros, para hallarlo necesitamos apartarnos del mundo ruidoso y frenético que nos aleja de nuestro interior y comprender por qué estamos aquí. Es la travesía que nos lleva al palacio de la sabiduría, al encuentro con la Verdad, y que está dentro de cada uno de nosotros. Necesitamos el silencio para que Dios entre en nuestros corazones y nos muestre el camino de la verdadera belleza.
Durante los seis juicios de Jesús, el contraste entre la verdad (justicia) y las mentiras (injusticia) fue inconfundible. Ahí estaba Jesús, la Verdad, siendo juzgado por aquellos cuyas acciones, estaba bañadas en mentiras. Pilato y los líderes judíos pensaron que estaban juzgando a Cristo, cuando, en realidad, ellos eran los que estaban siendo juzgados. La verdad es totalmente inalterable, no está regida ni por el espacio ni por el tiempo. Las ilusiones son alterables y la percepción de las cosas cambiante. Ni ilusiones, ni percepciones sirven para encontrar la verdad. Es la fe el puente tendido en el tiempo para conocer la verdad, para conectarnos con el más allá, para ponernos en presencia de Dios. Es la fe lo que nos permite apartarnos de la tibieza de este mundo y darnos la guía para encontrar la Verdad. 

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Blog: http://josantoniopuig44.blogspot.com.es/
Twitter: @japuigcamps
Publicado 02-01-2018

lunes, 18 de diciembre de 2017

DESINFORMACION, BULOS Y RUMORES



La desinformación, manipulación informativa o manipulación mediática, es la acción y efecto de procurar en los sujetos el desconocimiento o ignorancia y evitar la circulación o divulgación del conocimiento de datos, argumentos, noticias o información que no sea favorable a quien desea desinformar. Lo propio de la desinformación es la rumorología, ese rumor, bola o pábulo que solo sirve para alimentar o fomentar una determinada noticia. Se trata de especulaciones no confirmadas que se intentan dar por ciertas con un objetivo determinado, condicionar el comportamiento de los demás por encima de la información objetiva. La fabulación y la calumnia son el rumor exasperado, orquestado y sistemático. Si se hacen bien, pueden destruir reputaciones y llevar a la ruina moral y física a sus víctimas.
Antes de aparecer el teléfono los rumores se transmitían de persona a persona, cuidándose más lo que se decía pues, la noticia dada, tenía un rostro y, por ello, un conocimiento claro de quien lo estaba propagando. En la telefonía fija, sin digitalización, la noticia se propagaba a mayor velocidad pero seguía teniéndose la posibilidad de conocer quién llamaba. Hoy todo esto ha cambiado. La telefonía móvil con sus aplicaciones, transmiten todo tipo de información con el mayor anonimato. Ese anonimato permite decir y hacer lo que los maledicentes arrojan a través de esos mensajes venenosos que introducen la mala información, difaman y calumnian. Poco o nada puede hacer la persona o personas objetos del infundio lanzado. Es cuando la gente empieza a decir “cuando el río suena, agua lleva”. Es el sambenito que la Inquisición española utilizaba para señalar a los condenados por el tribunal, convirtiéndose en símbolo de la infamia.
Cass R. Sunstein, exdirector de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios (OIRA) en la administración Obama, ha dedicado  parte de su trabajo a por qué y cómo los rumores se distribuyen fácilmente sin mayor consideración sin son verdaderos o falsos. Este profesor de Harvard define los rumores como la afirmación de hechos -sobre personas, grupos, evento, e instituciones- que no han sido mostradas como verdaderas, pero que se mueven de una persona a otra, y por tanto tienen credibilidad no por que se haya mostrado evidencia directa para sostener la afirmación, sino porque otras personas parecen creerla. El auge de internet supone una extraordinaria herramienta para maximizar el alcance y poder de los rumores.
Las tecnologías de información y comunicación están construyendo una nueva sociedad donde nuestras vidas están grabadas en Internet, y hasta nuestros más íntimos secretos están al alcance de personajes dañinos que utilizan nuestro “mal momento” para generalizarlo y hacer daño. Hay gente tan profundamente descontenta con ellos mismos y con tan poco amor propio que intenta mitigar ese auto desprecio dañando a los demás para que se sientan tan miserables como ellos. Personajillos llenos de insatisfacción y complejos, resentidos que disfrutan con dañar, calumniar y exagerar con patrañas a todo aquello que se le ponga en mente, y donde el sistema operativo de red les permite calumniar, insultar, despreciar y romper hasta el más mínimo sentimiento humano sin ningún resarcimiento. Las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter, son potentes generadores de influencias, lo que deriva en una competencia feroz por estar cada vez más presente, por contar cada vez con más seguidores. Son también medios para difundir las mayores falsedades, embustes, chismes y calumnias. Hablillas que se hacen más creíbles cuando se adorna con pinceladas de realidad. Se toman hechos objetivos y se retuercen hasta que encajen en el relato y den soporte a las afirmaciones maliciosas.
La agnotología, estudio de la ignorancia o duda culturalmente inducida, es la creación deliberada de la ignorancia. Es la ciencia para sembrar mentiras, infundios, rumores que por medio de los mecanismos de la ingeniería social, de la publicidad privada o por medio de engaños o bulos inundan nuestro día a día. Filtraciones interesadas, revelaciones, sondeos, estadísticas alteradas o estudios científicos presuntamente imparciales, noticias políticas deformadas de la realidad y artificialmente concebidas para derrotar a la empresa, partido político, grupo de opinión o persona que pueda molestar en determinado momento. Son los asesinatos de la red sin mano ejecutora detectable. Nunca, como hoy en día, ha sido más difícil equilibrar la necesidad de protegernos de los efectos perniciosos de los falsos rumores con la libertad de prensa y de opinión.
El momento político por el que España está pasando es propicio para este tipo de desinformación, bulos y rumores. Campañas perfectamente orquestadas que dan a la gente lo que ellos quieren escuchar. Mentiras arriesgadas sin firma de autor. Los intentos continuos de utilizar las medias verdades para inducir a la gente a realizar lo que los promotores desean. Adulterar, falsificar o deformar la verdad, es una clara enseña de los que no quieren la libertad, de los que desean medrar con la metalurgia de la ignorancia. Con sus claros ejemplos y sus lúcidos argumentos, la desinformación no podía llegar en un mejor momento, en un país donde el discurso público es cada vez más disgregador y engañoso. La ignorancia no es solamente lo aún no conocido, es también una estratagema política.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Blog: http://josantoniopuig44.blogspot.com.es/
Twitter: @japuigcamps
Publicado 18-12-2017