Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





domingo, 7 de diciembre de 2025

DIALECTICA ENTRE AMIGO Y ENEMIGO

Carl Schmitt, filósofo y jurista, fue un destacado activista nazi que escribió sobre el ejercicio efectivo del poder político. Su teoría política afirma que la autonomía de la política implica que ésta no se ciñe a los preceptos de la moral corriente. En este sentido, el criterio de lo político es la distinción entre amigo-enemigo. El líder debe saber trazar la línea fundamental que defina esa distinción, haciendo psicológicamente conveniente que se trate al enemigo como si también fuera malo. Este liderazgo garantiza la protección del pueblo a cambio de su obediencia. Una clara señal de regreso a un sistema autoritario y opresor.

Desde el Gobierno de Zapatero hasta el actual de Pedro Sánchez, el partido socialista ha jugado a maximizar su bloque. Un bloque que hasta los resultados electorales de julio de 2023 quedaba poco definido. La jugada de Sánchez nunca fue la de maximizar la lista que le diera la victoria electoral, sino la de crear un bloque estable para su envestidura y mantenimiento en el poder. Un bloque de alianza entre el Psoe, el nacionalismo vasco y catalán y la izquierda radical. Su finalidad era clara: repartirse el botín que una presidencia de Gobierno podía darles. No importaba sus interés que, aunque no eran idénticos, eran compatibles: romper la unidad de España.

En aquella jugada entraba la teoría de Carl Schmitt, cual es trazar una línea que estableciera la dialéctica entre amigo y enemigo. Para el bloque, el enemigo que los aglutinaba era la aversión a la derecha nacional. Una derecha que fue acordonada con el pacto del Tinell de 2003 por los socialistas de Cataluña, Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa per-Catalunya Verds-EUiA. El nuevo líder socialista, como alumno aventajado en copiar, imita aquel pacto y añade un pequeño estímulo: la del antagonismo. Una oposición visceral en doctrinas y opiniones que se alejen de sus criterios. Es un frentismo que arranca por la izquierda desde la perdida de la Guerra Civil. La estrategia del enfrentamiento o de la tensión se percibe por los socialistas como necesaria para motivar a los suyos, a ir a votar. Zapatero ya lo dijo antes de las elecciones de 2008: “nos conviene que haya tensión”.

El sanchismo llego a la presidencia del gobierno en 2018, tras una moción de censura contra Rajoy por verse lastrado por un escándalo de corrupción. Una corrupción que Sánchez en su discurso vino a limpiar y que ahora está hasta el cuello ante tantos casos de corrupción que le rodean. Pero eso no les importa a sus socios parlamentarios que prefieren su continuidad a quitarlo de la presidencia. ¿A quién iban a chantajear mejor que al actual? Ahí la respuesta. No importa que sus secretarios de organización estén en la cárcel por corrupción, no importa que el partido más feminista de la historia esconda las quejas sobre acoso de un machirulo que se pasea con la bragueta abierta por la Moncloa. No importa que su mujer y su hermano estén investigados y a un paso del juicio. No importa…nada.

La dialéctica amigo y enemigo está presente en todos los episodios de corrupción que le rodean. Un claro ejemplo de un “schmidtiano” que aspira a una hegemonía política donde no hay sitio para la pluralidad en el Estado, su aspiración política es la supremacía ideológica y la de una identidad excluyente. Para los amigos, todo: deslegitimar sentencia del Supremo, caso de los ERE o la amnistía separatista, con la finalidad de conseguir unos votos que le permitan seguir en el poder. Para los enemigos, el agravio: usando al exfiscal García Ortiz, aprovechándose de su autoridad como máximo responsable del Ministerio Público, como táctica política contra un rival político.

Pero por mucha ayuda del bloque, si no consigue lo pactado se bloquea el Gobierno. Un bloqueo que afecta ya claramente a los compromisos adquiridos con Bruselas que dejan a España sin 93.000 M€, entre subvenciones y préstamos. Pymes y autónomos agonizan mientras el Ejecutivo oculta la ejecución real del dinero de Europa. Sin presupuestos y sin fondos europeos, que son la droga que mantiene al Gobierno, el margen de maniobra para llegar al 2027 se acaba. O no, mientras exista Junts.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 07-12-2025


domingo, 16 de noviembre de 2025

DIOS MAS VIVO QUE NUNCA

Las reflexiones sobre la existencia de Dios, desde la filosofía, la ciencia y la teológica, abarcan una amplia gama de argumentos y perspectivas, sin llegar a una conclusión universalmente aceptada. Albert Einstein escribió que el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. Pese a que Nietzsche proclamara enfáticamente su muerte y pese al impacto de las aportaciones de Marx, Freud y Darwin para explicar la conducta humana, Dios está más vivo que nunca. Byung-Chul Han, filosofo surcoreano, indica: “no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba”, una revelación que nuestra sociedad es incapaz de experimentar debido al abandono de la reflexión, el retiro y la meditación. La frase de Han sugiere que la perdida de la fe o el abandono de la divinidad no es un fracaso de Dios, sino una consecuencia del alejamiento del ser humano.

A diferencia de la popularización de Nietzsche, donde el hombre "mata" a Dios a través de la duda y la razón, Han se enfoca en el acto de la "espalda" que le da el hombre, el dar la espalda a la divinidad. Es posible que, durante años, se haya subestimado la religión que sobrevivió a los mejores filósofos y científicos de la historia, pero la fe es una certeza en un sentido analógico, no como podríamos interpretar una evidencia matemática o científica. Quién la ha vivido tiene una confianza absoluta en que Dios le acompaña ante la vacilación, ante la duda o la sospecha. El interrogante sobre Dios nace de la propia limitación de nuestro entendimiento, de nuestra capacidad de asombro sobre los misterios del Universo, de la incapacidad de dar una explicación científica al origen de la materia, de la incertidumbre ante nuestro futuro.

Los jóvenes son los que sufren mayoritariamente esa incertidumbre, al ser más conscientes de la precariedad. Y al pensar que van a vivir peor que sus padres son perceptores, cómo dijo Heidegger, de ser “seres arrojados al mundo”. Sin embargo, frente a los datos de los últimos 30 años donde la secularización de la sociedad ha conducido a la perdida de la fe, tenemos las manifestaciones culturales que actualmente constatan que Dios está más vivo que nunca. Lo vemos en Rosalía con su disco que habla sinceramente de su espiritualidad, o en el grupo católico Hakuma capaz de congregar a 25000 personas, o con Ilia Toparía (campeón de artes marciales) que manifiesta abiertamente su amor a Dios, o en el influidor granadino de 34 años, Pablo Garna, que va a ingresar en el semanario, o en la película “Los domingos” de Ruiz de Azúa que nos abre una ventana a una temática largos años sellada.  

Soy muy consciente de que los jóvenes se relacionan con la fe de forma distinta a como la hemos conocido los que no lo somos. El sociólogo Rafael Ruiz, profesor de Sociología y doctor en Ciencias de las Religiones en la UCM, explica que los canales en que se mueven las religiones son distintos a los institucionales. Observamos que muchos jóvenes sin ninguna tipo de socialización católica se ven atraídos por lo religioso a través de las redes sociales. Un ejemplo de que el Señor escribe recto en reglones torcidos, mostrándonos que puede cumplir sus propósitos de forma inesperada. Dios no es Dios de confusión, sino de paz. (1 Co 14:33)

Las personas, como seres racionales, desde pequeños vivimos fascinados por todo aquello que no comprendemos. Buscamos con ansiedad respuestas sobre el sentido de la vida que nos lleva a una angustia existencial al confrontar preguntas sobre su propósito, la muerte, la libertad, que no satisfacen. Este sentimiento nos hace entrar en una gran confusión manifestada con una sensación de vacío, de dudas y preocupación por la finitud. Mediante el dolor y las perdidas vamos adquiriendo conciencia de nuestra precariedad. Pero, detrás de un corazón duro se esconde un ser humano frágil, con una gran necesidad de amor, de perdón, de verdad y de esperanza. Una fragilidad que ante el sufrimiento te puede alejar de Dios o acercar a Él. Pero Dios es una fuente de esperanza que nunca debe abandonarse.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 16-11-2025


martes, 4 de noviembre de 2025

SENTIDO COMÚN SUBJETIVO

Cuando la persona está influenciada por la cultura y las tradiciones, el sentido común no siempre es la solución óptima o racional, su subjetividad hace que se acepten situaciones que para otros muchos resultan inaceptables. El niño que vive en un ambiente de robos, enfrentamientos, drogas, etc., lo que realmente practicará en su vida será su “cultura real” (lo que está viviendo), en contraste con la “cultura ideal” la de valores, normas y comportamientos que una sociedad afirma tener y a los que aspira. En ambos casos el sentido común será subjetivo y aceptará como normal lo que para otros la misma situación no lo es. El sentido común se adquiere a través de la experiencia diaria, la observación y la educación, siendo útil para acciones cotidianas que no requieren mucha reflexión por eso puede ser subjetivo e influenciable. Por el contrario, cuando necesito tomar decisiones importantes y evitar la manipulación, utilizaré el pensamiento crítico que es un proceso analítico, estructurado y objetivo para evaluar información, argumentos y soluciones.

Todo este recorrido previo me sirve para hacerme esta pregunta ¿Ante la situación política actual que es mejor el sentido común o el pensamiento crítico? Sin lugar a duda, el pensamiento crítico es superior al sentido común porque permite analizar la información de manera profunda, cuestionar narrativas y tomar decisiones informadas, en contraste con el sentido común que a menudo se basa en prejuicios o ideas preconcebidas. Si bien el sentido común es útil, el pensamiento crítico es una habilidad más sofisticada y necesaria para navegar la complejidad política moderna, evaluar la veracidad de las fuentes y comprender las implicaciones a largo plazo de las políticas públicas. Desde la filosofía de la sospecha (Paul Ricoeur), las características del pensamiento crítico es no aceptar el sentido común.

El pasado lunes (031025) se produjeron dos noticias de gran relieve informativo: la dimisión de Carlos Mazón, presidente de la CV, y el inicio del juicio a Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado. Dos protagonistas con contextos muy distintos, pero ambos en una situación insostenible. El primero, por su responsabilidad en la gestión de la dana; el segundo, por los indicios de utilizar la Fiscalía para ayudar al Gobierno y políticamente dañar los derechos de un ciudadano. Dos noticias donde la actuación ha sido muy diferente: Mazón, presenta su dimisión; García Ortiz, utiliza el respaldo y exigencias del presidente Sánchez para mantenerse. En un caso, el dirigente valenciano ha usado el “pensamiento crítico”; en el otro caso, el fiscal general del estado ha usado un sentido común táctico, subjetivo, el de impulsar relatos, borrar pruebas, para controlar a los medios.

Me pregunto qué hubiera pasado si Mazón hubiese sido un presidente zurdo. Seguro que la línea de acción habría sido blindarle con todo la maquinaria del Estado y la de sus socios. A la izquierda no se la toca. El impresentable Rufián, ¡qué bien le define el apellido!, habla de la derecha como ladrones profesionales, frente a los ladrones chapuza de la izquierda. Son los suyos, y ya se sabe, están al lado correcto de la Historia y siempre tienen razón. Su sentido común está impregnado de esa cultura real alejada de toda norma y comportamientos moral, donde desaparece la objetividad cuando se ataca al adversario. Una izquierda fanática, resentida, que alienta la tensión y el odio para sobrevivir. Una izquierda que ante cualquier situación ampara a los suyos, frente a una derecha que los abandona cuando se equivocan. Es el miedo al “qué dirán” que les atenaza y acobarda.

Ese miedo les hace cometer errores, como su falta de habilidad política permitiendo que Mazón anunciara su dimisión el mismo día que García Ortiz iba a ser juzgado, con ello se distrajo a la opinión pública de un hecho tan importante y dañino para el Gobierno. Frente a esa derecha, tenemos una izquierda cuya “superioridad in-moral” aplaude a un Sánchez al que se le debe admirar por ser un ejemplo de resistencia. Es su sentido común subjetivo, asentado en su “cultura real”, que prefiere un Gobierno colapsado e instalado en la mentira y la corrupción, con tal de que sea de izquierdas. Es entonces cuando a la pregunta anterior debemos considerar si el pensamiento crítico nos hace ser más críticos con la derecha que con la izquierda política.  

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)
Publicado 04-11-2025