Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





lunes, 11 de julio de 2011

¿De verdad, queremos ser felices?

Benjamín Franklin decía que la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.  Esas pequeñas cosas son las que el hombre ha desterrado de su vida, no le da importancia el que cada día pueda ir a trabajar, pueda andar, bañarse, ver, oír, sentir, amar, etc. Solo espera aquello que no tiene, es como el burro con la zanahoria que la lleva atada delante sin poderla nunca coger y sigue y sigue, al no ser consciente, de que esa pequeña distancia, la hace imposible a sus deseos. Pensamos con la mente, esclava ciega de nuestros cinco sentidos, sin darnos cuenta que la felicidad es interior, no exterior; y, como decía Henry Van Dyke, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
San Agustín, situó por encima de la teología natural, la teología sobrenatural, situándola fuera del campo de acción de la Filosofía, no estaba por debajo, sino por encima de ésta, y la consideraba su sierva, que la ayudaría en la comprensión de Dios. Dios no está nunca ausente de los asuntos del hombre, aunque con frecuencia no nos damos cuenta de su presencia. La felicidad es una gracia y el hombre es solo el receptáculo de esa gracia, pero no es la gracia en sí. El mundo ha perdido la visión del rostro de Dios y El se revelará de nuevo, quizá con furor, pero, sin duda, también con amor.
Como decía Víctor Hugo  la suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo y eso es lo que Dios nos regala un amor sin límites, por ser lo que somos e incluso a pesar de nosotros. El es amor, y el amor es la suprema felicidad. Pero ¿hasta que punto estamos preparados para ser felices?, la respuesta posiblemente nos la dio la Madre Teresa de Calcuta, al advertirnos que no debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y mas feliz. Si queremos ser felices debemos hacer felices a los que nos rodean, la felicidad no es hacer creer a los demás que somos felices sino en tratar de serlo, en compartir, en ceder, en entregarnos, en ser imagen de Dios.
El hombre jamás será feliz sino deja de ser egoísta, debe sustituir el yo por el tu, por eso me pregunto ¿queremos ser felices?, o tan solo es una representación mas de nuestra vida. ¿Hasta cuanto estamos dispuestos a dar para ser felices?. La naturaleza nos muestra la hermosura de la vida, una planta, un pájaro, un perro o un gato, por poner algún ejemplo, nos muestra que dan sin esperar recibir, no dan importancia a las cosas, quizás es por lo que San Mateo nos dice de que están todos ellos seguros de que el Padre celestial les dará su sustento. Ese vivir así, sin embargo, puede ser mal interpretado,  recuerdo una entrevista al dramaturgo Antonio Gala en la que decía que la felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante. Pero mi pregunta sería si ese “nada” nos lleva realmente a la felicidad, o es otra armadura que el hombre se pone para aislarse mas de los demás, el no querer ver los errores y horrores de la vida, que se cometen cada día, ¿podemos considerarlo como “nada”?. El hombre debe entregarse para ser feliz, debe abrirse a los demás y no debe caer, como dice Jorge L. Borge en el peor pecado que uno puede cometer. No haber sido feliz.
El filosofo Bertrand Russell decía que carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad. Pero tal vez pudiera ser mas acertado decir desprenderse que carecer, pues si tengo algo que deseo y me desprendo de ello por los demás estoy haciendo felices a otros y es entonces cuando mi entrega nos hace a todos mas felices. Vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad. Si nos fijamos en las pequeñas cosas de la vida nos daremos cuenta que para ser feliz solo es necesario sentirnos hijos de Dios, participes de su gracia, y así volver a recuperar la visión del rostro de Dios, que por desgracia tantos han perdido en la actualidad.

Articulo de José Antonio Puig Camps. Blog, julio 2011

lunes, 27 de junio de 2011

Bases Sociales de la Política Española (1982-2004)

En España hay un antes y un después que configura el sistema de partidos políticos, la referencia o punto de partida lo tenemos en el periodo de transición política, que lo ciframos entre 1972 y 1982. En este periodo se estableció un sistema de partidos políticos que podemos denominar de pluralismo limitado, a partir de la oposición derecha–izquierda y con un predominio de partidos moderados en cada uno de los ámbitos del espectro ideológico: La Unión de Centro Democrático (derecha) y el Partido Socialista Obrero Español (izquierda). Desde las elecciones generales de 1982 hasta las de 1993, prevaleció un sistema de partido predominante u homogéneo, un único partido con mayorías absolutas reiteradas: el PSOE. Este sistema cambia a un sistema bipartidista entre 1993 y 2000 con necesidades de apoyo de los partidos nacionalistas con el fin de obtener mayorías que permitieran la gobernabilidad. El PP con su mayoría absoluta en el 2000 parecía inaugurar un nuevo periodo de hegemonía o partido predominante, que desperdició a favor del PSOE, con vuelta a un bipartidismo con la necesidad de apoyos de otros partidos (fundamentalmente los nacionalistas).
Si analizamos la evolución electoral en estos periodos, observamos que en el periodo de los años 80 el PSOE sufre un relativa retirada de apoyo por parte de algunos sectores de clases medias, que aunque pueden ser multicausales, no es menos cierto la influencia fiscal en estas clases medias que empiezan a pagar impuestos de acuerdo con estándares europeos. De hecho la refundación del Partido Popular, en 1988, representa mas allá del cambio de liderazgo (llegada de la generación de Aznar), un giro estratégico de planteamientos y objetivos hacia cuestiones de carácter económico y fiscal, con el fin de atraerse a esas clases medias con promesas de rebajas fiscales reiteradamente cumplidas tras su llegada al gobierno en 1996.
Cuestión de interés es la relación del PSOE con los sindicatos, en la segunda legislatura (1986-1989) este partido no tenia una clara oposición política y ésta se encontraba fuera del Parlamento con la aproximación de los dos principales sindicatos, que se convirtió en unidad de acción a medida que el PSOE y la UGT iniciaban su desencuentro que alcanzó su clímax en la huelga general de diciembre de 1988, arrancando al gobierno socialista importantes medidas redistributivas en materia de pensiones, sanidad, protección de desempleo, etc. con la consiguiente y progresiva erosión de la autoridad moral del gobierno de González. En 1993 con la crisis económica, se une el desempleo, los escándalos políticos y la recesión, con el consiguiente desplazamiento de su centro de gravedad hacia las clases pasivas (jubilados, amas de casa, etc.) para quienes los beneficios de las políticas redistributivas fueron mas duraderos (universalización de las pensiones, sanidad, educación, etc.), sectores que actuaban de contrafuegos electorales, acudiendo en apoyo del partido socialista, a medida que se acercaba el momento de cambio político (primero en 1993 y después en 1996 que pudo por fin ganar las elecciones). De ahí que los conflictos distributivos característicos del viejo orden industrial hayan ido cediendo al empuje de las tensiones redistributivas asociadas a las políticas de bienestar.
Esta perspectiva, nos pone de manifiesto el por qué el PSOE mantuviese el volumen de apoyos parecidos entre 1986 y 1996 (unos 9 millones de votos), pese a su tremendo desgaste lo que hizo fue reemplazar los votantes que perdía en el ámbito de la producción y el mercado de trabajo (como consecuencia de las políticas fiscales, laborales, etc.) por otros nuevos que se beneficiaban de las políticas de bienestar (sanidad, pensiones, etc.). Este proceso de transferencias electorales dio lugar a un desplazamiento del centro de gravedad del electorado socialista desde las clases trabajadoras (su núcleo tradicional) a sectores de jubilados y amas de casa.
Con las elecciones generales de 2000 se cierra, momentáneamente, el periodo de sistema bipartidista y de equilibrio de fuerzas característico de los años noventa, logrando el PP su primera mayoría absoluta. Esta mayoría fue fruto de la dinámica de dialogo social que el PP ponía en marcha a partir de su llegada al gobierno en 1996, que permitió la consecución de la bonanza económica (entrada de España en la Unión Monetaria), así como un clima de opinión favorable a su acción de gobierno, el PP, paradójicamente, había conseguido en una legislatura lo que el PSOE no había conseguido en cuatro.
El dialogo social fue una prioridad de su tarea de gobierno (PP) con su reforma laboral, acuerdo sobre las pensiones, etc., que marcaron la antesala para su victoria en el 2000. Pero esta segunda legislatura del PP se caracterizó por su ruptura del dialogo social en la primavera de 2002; mediada la legislatura el gobierno de Aznar daba numerosos indicios de que esa mayoría absoluta estaba modificando el estilo de gobierno que tan buenos resultados dieron en la legislatura anterior. Es cierto, que esa ruptura del dialogo social no fue responsabilidad total del gobierno del PP, pues los sindicatos también contribuyeron a ella, en el caso de UGT con un endurecimiento de sus posiciones que dejaba sola a CCOO con el gobierno y puso en cuestión el principio de unidad de acción que había presidido la actividad sindical durante los años 90. El “decretazo” del gobierno PP fue la respuesta unilateral a la decisión de los sindicatos de ir a la huelga general. El gobierno finalmente rectificó y tras una laboriosa gestión del nuevo ministro de Trabajo (E. Zaplana) el dialogo se restableció, indicando, el secretario de acción sindical de UGT, ser consciente de que era la primera vez en la historia de la democracia que con una huelga general el Gobierno rectifica algo que ya estaba implantado.
La posterior implicación del gobierno de Aznar en la guerra de Irak aumentó la impopularidad y el desgaste del PP, pero el empate en las elecciones municipales de 1993 mostraban que el PSOE era incapaz de recuperar el centro político que parecía haber abandonado el PP. De cara a las elecciones generales de 2004, la situación parecía decantarse de nuevo a favor del PP, pero los atentados del 11M trastocaron de forma súbita el escenario electoral, y el PP que un mes antes se presentaba como favorito de las elecciones (según el estudio preelectoral 2555 del CIS), las perdió. Entre otras cuestiones, que en este articulo no entro en analizar, se observa que el efecto de edad funciona como un factor de cambio, propiciando el voto de castigo tanto en 1996 como en 2004 y, con ello, el cambio de ciclo político. Pero a este respecto, podemos decir que no todo lo relacionado con la edad es factor de cambio, un análisis de González y Salido (2003) y que los datos de las elecciones generales del 2004 parecen confirmar, pues de los tres rasgos característicos del voto juvenil: baja participación, radicalismo e izquierdismo, los dos primeros son efectos de la edad, en tanto que el tercero (izquierdismo) sería mas bien un efecto generación de los que en 1986 tenían 25-34 años y en las elecciones del 2004 tenían, en su mayoría, 45-54 años. Así que las bases sociales de la política es la conveniencia de renunciar a cualquier idea de bases naturales, que permitirían, a partir de unos interés definidos de antemano, coaliciones para dar acceso a la ansiada hegemonía política e ideológica.

Articulo de Opinión de José Antonio Puig Camps, con datos obtenidos del libro “Tres décadas de Cambio Social en España” de J.J. González y M. Requena

martes, 21 de junio de 2011

La crisis económica mundial

El racionalismo político ha puesto siempre de manifiesto uno de los defectos mas grandes de la sociedad, cual es, el egoísmo humano. Cuando el ser humano se desprende de todo tipo de consideraciones éticas y morales, y solo se escucha así mismo, hace que tenga razón la frase de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
La crisis económica mundial, la última que se inicia a finales de los 90 del siglo XX, puso de manifiesto la necesidad de mantener un equilibrio de ingresos y gastos reales. La sociedad americana alimentó la idea del poder y la hegemonía, que sus políticos habían puesto de manifiesto desde la era Reagan con la guerra de las galaxias. Las inversiones americanas mostraron que se basaban en un engaño económico, donde el papel (¡que sufrido es!) enmascaraba la situación real de sus finanzas. El estornudo americano con las perdidas cuantitativas, fruto de las guerras abiertas con Iraq y Afganistán; sus contiendas de policía del mundo y su egoísmo y prepotencia, han mostrado la cara mas marga de esa nación que hasta entonces parecía un gigante que nadie podía vencer. ¡Error!, se tropieza otra vez con la misma piedra, que su contienda con Vietnam años antes, le había puesto con estas últimas escaramuzas.
La caída de Wall Street, que en cifras fue superior al del año 1929, se ha zanjado con el encarcelamiento de algunas cabezas importantes, públicas, por supuesto, pero no políticas, pero a costa de los bolsillos de los contribuyentes. La importante caída de empleo, ya de por sí deteriorado por las malas condiciones y desigualdades de rentas americanas, la perdida de poder adquisitivo, el gran déficit público y la caída del PIB, han hecho que el presidente Obama se pusiera las pilas en el 2009 y tratara de contener la caída de su Imperio.
Por otra parte la Europa del euro ha tenido que revisar sus cuentas; también sus finanzas han demostrado no estar suficientemente aseguradas, el Estado de bienestar empieza a sufrir la situación, y los avances de los estados socialdemócratas tienen que hacer concesiones. Unos países europeos han sido capaces de darse cuenta y actúan pronto ante la crisis, otros como Grecia, Portugal y España, lo han hecho mas tarde. A pesar de la crítica de muchos, el euro ha salvado los muebles de Grecia; Portugal ve la situación y está poniendo sus barbas a remojar. En cuanto a España, paradojas de la vida, un gobierno socialista ha tenido que imponer, tarde y mal, políticas antisociales para salir, ¿airoso?, de una situación que debería haber afrontado antes. Se habla de la burbuja inmobiliaria, de la falta de control del gasto en las familias, de que se gasta mas de lo que se tiene, pero yo pregunto ¿no será que el gobierno perdió el control del gasto público y de las entidades bancarias? ¿Por qué, metidos en crisis, aun se daban créditos superiores a la capacidad de su reintegro?.
Como al principio decía, el egoísmo abrió, al actual gobierno socialista, la creación de empleo ficticio, abriendo las puertas a la inmigración sin control alguno, manteniendo el gasto público en acciones bélicas y ayudas sociales que no podía ni debía hacer, y sobre todo no haber sido lo suficientemente sincero para mostrar la verdadera situación del país. La crisis económica mundial ha mostrado, una vez mas, que debemos ser cautelosos, ¿racionalistas prácticos?, y que en el hoy se debe contemplar siempre el mañana.
Articulo de Opinión de José Antonio Puig para el examen de Relaciones Internacionales de la Licenciatura de Sociología (Febrero 2011)