Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





lunes, 6 de enero de 2014

DIOS HA TOMADO ACOMODO EN EL MERCADO




A finales del s. XIX F. Nietzsche presagió la muerte de Dios en la sociedad europea. Con ello el ser humano pierde su norte y desaparecen las referencias de la inmensidad de Infinitud, de la fuente del bien y de la hondura de la verdad. Pero Nietzsche, sin embargo, es consciente de que todavía no había llegado el tiempo del “nihilismo”, su vaticinio era extemporáneo.
Mas de un siglo después ese tiempo ha llegado. Vivimos en él. Dios ya no encuentra lugar en el centro de las sociedades europeas y, como dice el teólogo católico P. Hünermann, Dios se ha convertido en un extraño en nuestra propia casa. “Dios ha muerto”, las catedrales comienzan a ser espacios museísticos para el gozo estético de sus visitantes, los viejos templos se han reconvertido en salas de espectáculos, bibliotecas o centros de recreo, donde todo aquello que recuerda a la casa de Dios se aparta o destruye. En nuestras sociedades Dios brilla por su ausencia.
Quizás se le puede presentir en el horizonte de la muerte como un mas allá vagamente temible. Incluso se le tiene para imputarle catástrofes o decepciones, aun cuando se presuma de no creer ya en Él. Ni su presencia pasada es leída ya por las generaciones presentes, de tal manera que la memoria colectiva no sabrá como interpretarlo pues su ausencia no será ni siquiera percibida.
Los sacerdotes me cuentan que en las catequesis infantiles crece el número de niños que acuden a la preparación de la primera comunión sin haber sido mínimamente iniciados en el despertar religioso. Ni han orado jamás con sus padres, ni les han visto a ellos rezar. Ni siquiera han oído pronunciar la palabra “Dios” y, lo que es mas lacerante, me cuentan el caso de un niño que solamente había oído esa palabra en labios de su padre cuando blasfemaba.
En los inicios del s. XXI la incertidumbre planea mas sobre el futuro de las instituciones religiosas (las Iglesias) que sobre el de la religión o el de la espiritualidad y parece, según todos los informes sociológicos, que el momento mas crítico de una evidente fase de eclipse de Dios se ha superado. Lo sagrado perdura, renace y vuelve a dar señales de vida.
Sin embargo, algunos observadores contemplan ese retorno de la religión con preocupación e inquietud. El diagnóstico de la situación les conduce a concluir que hay muchas ofertas sobre Dios, que en su mayoría toman la forma de mercancía y producto de consumo donde, según el  sociólogo T. Luckmann, Dios ha tomado acomodo en el mercado. Hoy, en gran medida, la demanda de religiosidad responde a necesidades de tipo psicoestético, buscando tranquilizar la ansiedad y ofrecer una felicidad sin sufrimientos.
En fiestas religiosas como la Navidad y Reyes Magos donde el actor principal es Jesús, José y María: la Sagrada Familia, los grandes almacenes y los medios de comunicación se encargan de divulgar “su presencia” a través de aumento de ventas sin mostrar el mas mínimo respeto por lo que representan esas fechas ¿Es que acaso con nuestras compras estamos lacerando el compromiso de Dios con los hombres?, ¿Es que realmente Dios ha tomado acomodo en el Mercado?.

José Antonio Puig Camps (Enero 2014 –Grupo de Estudios de Actualidad)

lunes, 23 de diciembre de 2013

LO QUE ENTRAÑA LA ESPERANZA




La primera caracterización que se da de la “esperanza” es que consiste en aguardar (“guardar”: buscar con la mirada) la obtención o preservación de un bien que se aprecia. Si pensamos que la “fe” se describe como la creencia en lo sabido, es decir, creer algo que no hemos visto y que nos ha llegado por el oído o por el testimonio de otra persona, entonces, cabe decir que la esperanza consiste en buscar con la mirada lo que nos ha sido dicho de palabra (creer que veremos lo que se nos ha anunciado: fe). De ahí que, según los teólogos, en el cielo no será necesaria ni la fe ni la esperanza (se dará ya la visión de Dios) y solo queda la “caridad” activa y perfeccionada.
El entorno propio de la esperanza es, al menos, el de una relativa incertidumbre, el de la ausencia del bien completo y cumplido. Cabe tener esperanza si se es consciente de no vivir en el mejor mundo posible; si se tiene miedo de perder lo que se espera lograr o conservar. El temor y la esperanza forman parte de la lente de incertidumbre con la que se nos hace visible el destino de las cosas y de todo lo humano. Sabe ver lo mejor de cada cosa quien teme lo peor, por ello la esperanza es la no abandonada expectativa de lo mejor.
Actualmente se está educando, a través de todo tipo de medios: escuela, televisión, radio, tertulias, literatura, etc., en la desesperanza o en que se crea que la esperanza no es necesaria, por ello no se quiere hablar de la muerte, ni de la enfermedad, ni de la vejez. Si se hablará de ello, se estaría sacudiendo la modorra anestésica de nuestro mundo y se tendría que decir claramente que la esperanza es necesaria.  
Considerar el mundo y la vida de cada uno como el territorio donde el bien y el mal se enfrentan, parece tener sentido solo en la epopeya, en la poesía heroica, en la religión o en la visión infantil, donde el bien y el mal están detrás de todo lo que sucede. Es tener conciencia de que se necesita recibir ayuda, de necesitar asistencia y socorro para no sucumbir al mal. Ser como niños, reconquistar la fantasía moral de la infancia, es lo que entraña la esperanza. Es esa fantasía moral la que desinhibe los complejos que nos impiden desear que sea el mundo y la historia la que acabe bien.
Esa falta de complejos que permite aspirar y tener buen ánimo para lo más grande, para lo más inaccesible, tiene un nombre que es “magnanimidad”, la virtud de aspirar a lo mejor y el buen ánimo de procurarlo. Es tener el alma grande y el ánimo dispuesto para lo mejor y lo mayor, pues lo contrario de la magnanimidad es la mezquindad. La mezquindad es el refugio en el que se esconden, a veces inconscientemente, los que viven sin esperanza.
José Antonio Puig Camps (Navidad 2013)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

GRATITUD PERDIDA



Estaba leyendo la prensa y me ha llamado la atención, como supongo que a otros muchos lectores, algunos comentarios escritos a raíz del reciente informe PISA 2012 sobre la educación en España en  alumnos de 15 años, donde, casi todos giran en torno a que España sigue por debajo de la media de OCDE en Matemáticas, Lectura y Ciencias.
Los comentaristas políticos o tertulianos que diariamente nos ofrecen sus puntos de vista, como si fueran los portavoces oficiales de la masa silenciosa, salpican su oratoria acusando o defendiendo a aquel señor/a, ciudad, comunidad o partido político que mas o menos acorde esté con su tendencia política que, por cierto, en alguno de ellos es indisimulada llegando a coger, como se dice coloquialmente, “el rábano por las hojas”, es decir, poner el acento en lo que quieren destruir (y menos nos puede interesar) y no en el asunto central de la discusión (lo interesante y que ellos parecen no haber leído).
Esto último, lo he podido comprobar recientemente, por ejemplo, en la propuesta de reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE) o la LOGSE, que ha presentado el ministro WERT con el titulo de LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa), donde los medios progresistas se cebaron mas con el ministro que con la propia ley propuesta.   
Nuestra sociedad global está tan mediatizada por las distintas cadenas de televisión y sus programas que según lo que estos o aquellos comentaristas digan o publiquen así será lo que las personas piensen o pensemos. Cualquier sospechoso, se hace culpable y cualquier culpable, es inocente según lo haya o no dicho el medio audiovisual de turno. Solo echamos culpas a los demás, pero, nunca reflexionamos en el papel que nosotros hemos tenido en esa culpa.
Volviendo al principio, el informe PISA muestra algo que muchos padres y educadores saben, y es, la existencia de un problema de falta de autoridad y bajo rendimiento mas o menos generalizado en el sistema educativo preuniversitario, que se adentra en una crisis de nuestra arquitectura social, no tanto a las instituciones (que también) como a los hábitos intelectuales y emocionales con los que conducimos e interpretamos la realidad.
Hace tiempo que los maestros dejaron de ser autoridades, en el sentido pleno y cultural de la expresión. Es cierto que los excesos autoritarios de las sociedades tradicionales y cerradas, han hecho que se busquen formulas nuevas y que se redefina el papel del educador en nuestro contexto social democrático y participativo. La avalancha de nuevas pedagogías maltraídas, casi siempre, por las sucesivas reformas educativas, han hecho que el protagonista sea el educando frente al tradicional dirigismo del maestro.
Todo ello ha hecho que se olvide lo que a los maestros le hacia tener autoridad: el hecho de que una persona se “ponga al servicio” de los que “tienen que crecer” para colaborar con ellos e indicarles el camino de su futuro. Estos maestros eran vocacionales y no enseñaban para ganar un sueldo y cumplir solo un horario, sino que lo hacían con el sano ánimo de enseñar, de comunicar lo que ellos aprendieron y seguían aprendiendo, pues esa vocación no es estática sino que día a día debe mantenerse a través del estudio y la preparación, o sea con sacrificio.
Esa autoridad, del maestro, es la que hacia que los padres confiaran en sus consejos y enseñanza y, que, el alumno pusiera su tiempo y destino en sus manos. Lo que sostiene el régimen de autoridad en el que es posible enseñar, está centrado en lo que nuestra cultura social confunde: lo que solo cabe esperar con lo que tenemos el derecho a exigir. Los padres tienen derecho a que sus hijos sean bien educados y adquieran un determinado nivel de conocimientos. Pero no se tiene derecho, al no poderse exigir, a que el maestro haga del destino de sus alumnos objeto de su desvelo personal, pues semejante implicación es algo impagable, un “exceso” que solo se reconoce adecuadamente con una obsequiosa gratitud. Es la ingratitud de los padres lo que desautoriza a los maestros.

José Antonio Puig Camps (5-12-2013) Publicado.