Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





miércoles, 16 de junio de 2021

OTRA FAMILIA PARALELA

 

Desde el siglo pasado, los estudios relacionados con la familia han centrado el interés de las ciencias sociales, especialmente de la Sociología y de la Antropología, sin embargo los estudios de Familia en la Sociología son tan antiguos como la propia Sociología como Ciencia. Pese a las grandes transformaciones del mundo contemporáneo, de los progresos científicos y tecnológicos que generan a su vez un nuevo sistema de vida, la familia sigue siendo el hábitat natural del hombre. La familia como red social primaria es esencial en cualquier etapa de la vida; es el primer recurso y el último refugio en la vida del hombre. Es imprescindible por tanto, para las organizaciones sociales en su conjunto, reconocer que todo lo que sucede en la familia repercute a un nivel más amplio, trasciende su ambiente particular para influir en la sociedad en su conjunto. Su relevancia es incuestionable como agente socializador y como promotor de cambios.

La influencia de la educación familiar, esencial durante los primeros años de vida, transciende ese marco inicial y se manifiesta, con mayor o menor fuerza, a lo largo de toda la vida. Una fuerza que condicionará la educación de la personalidad y la socialización del individuo. Uno de esos condicionantes son las relaciones sociales como interacciones entre dos o más personas. Unas relaciones que pueden alejar al ser humano del contacto diario y continuo con la familia y con ello perderse en la globalización de las redes sociales. Bienes libres o ilimitados cuyo acceso no es excluible y están disponibles en cantidades arbitrariamente grandes. Un acceso que está a disposición de niños menores de 14 años que presumen de tener un dominio en ellas. Sin embargo, muchos padres no conocen que la normativa española establece que para estar presentes en las redes sociales hay que tener un mínimo de 14 años. Ese desconocimiento no les exonera de la obligación de conocer las condiciones de uso y acceso a la red, pues son los responsables de lo que hagan sus hijos.

Que un niño pase de un uso adecuado a un abuso de las páginas web es el paso para convertirse en una adicción. Cuando se llega a esto se está produciendo en el adolescente una pérdida de control y una dependencia de los medios digitales que pueden llegar a producir trastornos de personalidad de difícil solución. Aunque es cierto que internet y las redes sociales tienen muchas ventajas, también lo es que se debe supervisar su uso. Los padres deben conocer las plataformas en las que entran sus hijos para saber que contenidos ven y fomentar el dialogo que les advierta de los riesgos. Los padres deben interesarse de esos amigos virtuales, quienes son, que hacen y que suelen ver. No se puede permitir que las pantallas sustituyan las conversaciones familiares ya que perdemos la confianza que el dialogo afectivo lleva consigo. Los riesgos son altamente perniciosos pues la adicción lleva a perder el control entre víctimas o autores del delito. Muchas familias piensan que sus hijos son víctimas de internet, pero no piensan en que pueden ser los autores de conductas inadecuadas o delitos.

Ante esto los padres se llevan una gran sorpresa, no se han responsabilizado e ignoran que sus hijos tienen otra familia paralela que les educa: internet. Debemos conocer que todo lo que publicamos (fotos, videos, textos…) deja un rastro fácil de seguir en la red y genera lo que se llama “reputación online”, el reflejo del prestigio o estima sobre una marca o persona en internet.  Esto es especialmente importante en Internet, dónde resulta muy fácil y barato verter datos y opiniones a través de mecanismos como foros, blogs o redes sociales. Difundir toda esa información es perder el control de lo enviado y, lo que es peor, puede servir a otros para crear perfiles e intimidar o acosar a las personas que no han sido conscientes de ello. La Policía Nacional ha elaborado con Mapfre una guía para que padres y profesores detecten las primeras señales de alarma. Es un proyecto educativo, “Controla tu Red”, que busca concienciar a los jóvenes para que adquieran hábitos adecuados y saludables en el uso controlado y seguro de las TIC y otros riesgos asociados al uso de Internet.

 

José Antonio Puig Camps. (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Presidente Grupo de Estudios de Actualidad Valencia (AGEA)

Publicado 16-06-2021

jueves, 27 de mayo de 2021

EL NEOCOLONIALISMO DIGITAL

 

El colonialismo fue la convergencia de dos fenómenos que se desarrollaron, el primero en la Edad Media con el “espíritu de cruzadas”, y el segundo en el Renacimiento con el capitalismo. Ambos han tenido en común el control y extensión del poder político, militar y económico. Actualmente otro tipo de control se está ejerciendo en nuestro mundo, el control de la digitalización. Si el colonialismo ejercía un dominio directo sobre los países colonizados, hoy, el dominio es indirecto a través de Internet. Un dominio ejercido por las grandes potencias tecnológicas sobre otras naciones menos desarrolladas. El despliegue de las nuevas redes de comunicaciones (por ejemplo 5G) está poniendo de relieve la existencia de una competición geopolítica por el control e implantación de las nuevas tecnologías. Un despliegue que está poniendo en juego algo más que una correcta utilización de las enormes oportunidades que ofrece la tecnología para mejorar las cosas. Lo que también está en juego es la preponderancia tecnológica que, una vez más, se convierte en campo de enfrentamiento geopolítico entre las grandes potencias: el neocolonialismo digital de la dependencia tecnológica.

La dependencia tecnológica es un tributo que, los países menos adelantados, tienen que pagar a otros al tener que depender económica y tecnológicamente de ellos. Unos países, pocos, que con su dominio digital ponen a sus empresas en el “hit parade” de los valores bursátiles jamás alcanzado a lo largo de la historia. Un dominio que acrecienta la brecha digital en nuestro planeta. Las empresas digitales estadounidenses como Apple y Amazon, han llegado a superar el billón (trillón americano) de dólares, casi el PIB de España. Entre los veinte primeros gigantes de la economía digital, según el Foro Económico Mundial, no hay ninguna empresa europea. Todas son de EE UU o de China. Las cinco mayores, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Microsoft y Facebook, son estadounidenses. En los puestos 6º y 7º llegan dos chinas (Alibaba y Tencent). Los cinco gigantes digitales junto a Netflix acumulan el 40% del crecimiento del índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York.

Si el colonialismo europeo fue y sigue siendo desacreditado por su influencia cultural en los países dominados, donde el inglés y el francés, la lengua de los dominadores, fue impuesta, hoy los nuevos colonizadores tecnológicos no solo imponen su lengua y costumbres sino también la forma de trabajar y de ocupar el ocio. Un dominio que, en momentos como los actuales de depresión económica, el Covid-19 también está acelerando las tendencias tecnológicas que ya estaban en marcha. Una de las que más destaca es que las grandes tecnológicas se están volviendo más grandes, ganando más valor a partir de activos intangibles como datos, algoritmos y propiedad intelectual, y no solo a través de activos tangibles como mano de obra física o bienes y servicios. Esta creciente concentración de poder y riqueza en manos de unas pocas empresas digitales globales forjará la política nacional e internacional cuando salgamos de la pandemia y, por otra parte, la desigualdad entre las personas que pueden tener acceso o conocimiento en relación a las nuevas tecnologías será mayos con este neocolonialismo digital.

José Antonio Puig Camps. (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Presidente Grupo de Estudios de Actualidad Valencia (AGEA)

Publicado 27-05-2021

martes, 4 de mayo de 2021

DIGITALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

 

La digitalización es una realidad creciente en España que ha levantado el interés de todos los agentes sociales y que ha derivado en la creación de una economía digital. Por ello, es relevante acotar y medir la economía digital como indicador de prosperidad en España. Este proceso de transformación se está acelerando por la crisis generada por la COVID-19, sin precedentes en la historia moderna de la economía española, en la que la economía digital se ve afectada de dos maneras: coyunturalmente y estructuralmente. La primera queda patente por el incremento de la demanda de la economía digital que se ha producido con la crisis del coronavirus, por ejemplo con el aumento de un 50% de un comercio electrónico, que podría desvanecerse de forma importante tras la crisis. El segundo, el estructural, tiene efectos permanentes, algunos positivos como el lanzamiento de programas digitales o la consolidación del teletrabajo, otros negativos como el aumento de la brecha digital, es decir, la distribución desigual en el acceso, en el uso, o en el impacto de las TIC entre grupos sociales. Unos grupos que pueden definirse con base a criterios de género, geográficos o geopolíticos, culturales, o de otro tipo.

Podríamos definir la economía digital como toda aquella actividad económica que está basada en bienes y servicios digitales, ya sean nuevos modelos de negocio o modelos de negocio transformados. El tamaño de la economía digital en España se aproximó al 19% del PIB en 2019, según el informe Economía Digital en España. El estudio fue presentado en junio del 2020 por la Asociación Española de Economía Digital (Adigital) y Boston Consulting Group (BCG), e incluye una serie de metodologías para el cálculo de la contribución de los tres componentes de la economía digital: infraestructura (hardware, software, capital humano, etc.), e-business, es decir, cómo la tecnología digital influye en el proceso de los negocios de la TIC y e-commerce, referido al comercio electrónico o compraventa de bienes y servicios por internet.

Evidentemente no todos los sectores productivos tienen iguales avances tecnológicos, de ahí que en los estudios se deben clasificar en cuatro grupos. Los líderes, son los sectores plenamente digitalizados y donde el componente digital forma parte de la cultura de la empresa, mantienen un grado de digitalización medio del 89% y una contribución a la economía digital del 33%. Los maduros, son aquellos sectores que avanzan y están finalizando planes de transformación digital y buscando mejoras en el negocio, tienen un grado de digitalización medio del 35% y una contribución a la economía digital del 13%. Luego están los sectores en crecimiento, aquellos que están iniciando programas digitales, siendo la categoría más relevante para la economía digital con un grado de digitalización medio del 10% y una contribución a la economía digital del 44%. Por último están los sectores incipientes, con escasa inversión digital y que sólo han realizado pruebas de concepto en aspectos imprescindibles para su viabilidad (p.ej. inmobiliario, agricultura, servicios), tienen un grado de digitalización medio bajo un 3% y una contribución a la economía digital del 10%.

La digitalización es sin duda el factor de transformación más relevante de la sociedad en las últimas décadas, un cambio que impacta de manera global en cómo nos relacionamos, consumimos o actuamos como ciudadanos, y un elemento central sobre el que debe pivotar el crecimiento económico presente y futuro. Por otra parte, genera y transforma los actuales modelos económicos y, a su vez, modifica la forma en que los Estados y las Administraciones Públicas se relacionan entre sí y con los individuos y las empresas. Así lo reflejan los programas y políticas de todos los gobiernos y muy especialmente de la Unión Europea quien, junto a la Economía Verde lo considera uno de los pilares para los próximos cinco años. Aunque la digitalización hace tiempo que dejó de ser una tendencia para convertirse en nuestra realidad, en nuestro presente, el Informe España Nación Digital, edición 2019, indica que España no ocupa un lugar relevante entre el grupo de países líderes en cuanto a digitalización, ni a nivel global ni en su contexto europeo, a pesar de los avances experimentados en los últimos años.

De seguir así, no será capaz de capturar el valor asociado a ese liderazgo, con el consiguiente coste de oportunidad en términos de crecimiento y creación de empleo. Esto es especialmente preocupante en un contexto digital que tiende a la concentración, tanto a nivel geográfico como especialmente empresarial. Únicamente cinco países, cuatro de ellos asiáticos −China, Taiwán, Japón, Corea y los Estados Unidos−, según la OCDE, son responsables del desarrollo de más del 70% de las 25 tecnologías digitales punteras. Tres de ellos −Estados Unidos, China y Japón− concentran más de dos tercios del gasto mundial en I+D, del que son responsables apenas 200 empresas.

 

José Antonio Puig Camps. (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Presidente Grupo de Estudios de Actualidad Valencia (AGEA)

Publicado 04-05-2021