El sistema político actual debe plantearse, para este nuevo año 2026, la recuperación de las democracias europeas y, de modo particular, la española. El relajamiento político de la UE, la falta de carisma de sus élites y los cuestionamientos de consensos que formaron aquella Europa de posguerra, ha llevado a Europa a su pérdida de hegemonía global frente a EE. UU. y China. Por su parte España se ha deslizado peligrosamente hacia una autocracia electiva proclive a desmantelar las instituciones democráticas al ser un obstáculo para el oportunismo político de permanecer en el poder. Ambas situaciones, están erosionando la confianza ciudadana creando un entorno que obliga a revisar los fundamentos sobre los que debe reposar nuestra convivencia.
>En España, la convivencia debe basarse en la Constitución Española (CE), cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, además de reconocer la indisoluble unidad de la Nación española. Es difícil mantener esa convivencia con un Gobierno que altera la CE por la vía de los hechos instaurando, según la teoría de Karl Loewenstein, una Constitución semántica donde existe un desajuste entre el texto constitucional y la realidad política, sirviendo la norma escrita solo para legitimar el poder de los grupos dominantes sin limitarlo realmente, es un disfraz de la legalidad con la inestimable ayuda del interprete constitucional: el Tribunal Constitucional.
Esta alteración de la CE es parte de los malos oficios de un Ejecutivo que para mantenerse en el poder no ha dudado de neutralizar y absorber a los otros poderes. Es la quiebra del Legislativo y del Judicial. El primero, por renunciar a su función integradora al dimitir de lo encomendado por la Constitución en su Art. 66: legislar, aprobar Presupuestos y controlar al Gobierno; el Judicial al estar sometido constantemente a una acusación de dañar y desacreditar al Gobierno (el lawfare), un relato oportuno para descalificar a priori cualquier investigación judicial como una maniobra de parte. Es la quiebra de la propia nación con un Estado que prioriza su interés partidista al interés general, al utilizar la lógica de la rentabilidad electoral que focaliza la ayuda del Estado a la ciudanía que apoya al bloque de investidura, considerando irrelevante al resto. Un ejemplo ha sido la tardanza de las ayudas del Estado para la reconstrucción de las infraestructuras valencianas, por la dana, a pesar de las insistentes llamadas del general Gan Pampols a ministros y órganos de coordinación que no fueron atendidas.
Lo descrito anteriormente es una clara muestra de la fragilidad de nuestro sistema político que obliga a revisarlo sin mayor tardanza en este nuevo año 2026. Primero, garantizando la independencia real y percibida de los órganos constitucionales: El Tribunal Constitucional (TC), la fiscalía general del Estado (FGE), el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y los demás órganos reguladores que por las presiones a las que se ven sometidos dificultan su buen funcionamiento. Segundo, el modelo territorial que, ante la bilateralidad asimétrica o desigualdades que amenaza el principio de igualdad y deteriora la cohesión del Estado, debe establecer un equilibrio entre solidaridad, corresponsabilidad fiscal y suficiencia financiera, así como una revisión de la actual ley electoral que ante la explosión del regionalismo amenaza la unidad de España. Tercero, hay que revisar la calidad de la democracia como cultura cívica: enseñar un conjunto de valores (respeto, solidaridad,), conocimientos (normas, derechos, deberes,) y comportamientos (respeto a los demás), que permitan la participación informada y responsable de los ciudadanos en la vida pública para el bienestar común.
La fragilidad mostrada por nuestro sistema político debe subsanarse con prontitud, si queremos mantener una democracia liberal ausente de oportunistas políticos que al carecer de dignidad institucional y moral aprovechan la debilidad del sistema para tomar el poder a costa del deterioro de España. Así es, así será, y ojalá no siga es mi deseo para 2026.
José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)
Publicado 05-01-2026 Felicidades GNH