Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





lunes, 23 de marzo de 2026

HODIO

La idea de que el odio y el mal comenzaron con la rebelión de un ángel contra Dios es un concepto teológico y mítico fundamental en varias tradiciones religiosas, especialmente en el cristianismo, el judaísmo y el islam. El ángel que se reveló se le conoce como Satanás, el Diablo, “un mentiroso y el padre de la mentira”, que no ha dejado de generar odio y violencia (Jn 8:44). El odio, en psicología, es una emoción intensa y prolongada acompañada de sentimientos de rechazo o daño hacia una persona, grupo o situación. Unos sentimientos descritos a la perfección por Mathieu Kassovitz, director de la película francesa “La Haine” (El odio). La película muestra cómo la marginación, la brutalidad policial y la falta de oportunidades convierten la rabia en una fuerza destructiva e incontrolable. La moraleja principal de la película es que el odio engendra más odio, creando un ciclo vicioso e infinito que termina destruyendo a todos los involucrados.

En los conflictos sociales el odio actúa como una fuerza destructiva que erosiona la cohesión, fomenta la violencia y polariza la sociedad, especialmente a través de redes sociales. Los estudios sobre discurso de odio en España muestran que el 70% del odio social se percibe en esas redes. Es el odio digital que nace en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), un odio que siendo volátil tiene la capacidad de propagarse masivamente en las plataformas digitales (X, TikTok o Facebook). Pero el odio no ha necesitado de las TIC para asentarse en nuestras vidas, ya que el odio artesanal (el de toda la vida) ha existido desde el inicio de la humanidad, los seres humanos hemos heredado la tendencia a odiar. Es, esa aversión cultivada minuciosamente que va penetrando en círculos cercanos (familia, barrio, trabajo). El odio es uno de los pocos tabúes que no se pueden romper y que todos experimentamos.

Vivimos un ambiente de odio en las calles que no es algo que se haya manifestado recientemente, por desgracia lo estamos viviendo desde hace muchos años. Un odio contra españoles que no comulgan con el nacionalismo separatista, odio contra personas, caso de Alejo Vidal-Quadras, que encaja con otros atentados del régimen iraní a partir de 2018 contra figuras políticas occidentales, odio de los sectores separatistas vasco, discursos de odio hacia políticos y seguidores de ideología contrarias, etc. Resulta curioso que sea ahora, marzo 2026, cuando el Gobierno socialista haya presentado la herramienta HODIO (acrónimo de “Huella del Odio y la Polarización”), para monitorizar discursos de odio en redes sociales, con el fin de radiografiar la polarización y hacer rendir cuentas a las redes sociales, en un contexto de aumento de discursos de odio.

La idea no parecería mala si esta herramienta hubiera sido más consensuada, y sería creíble de no ser porque este presidente siempre deja la puerta abierta para que planee la sospecha de que oculta una segunda intención. Sospecha nada desencaminada cuando el Sr. Sánchez hace tiempo que decidió que es la derecha la que odia más. Nos dicen que la clasificación de toda la información que deberá analizarse correrá a cargo de modelos de lenguaje basados en la Inteligencia Artificial (IA) capaces de leer textos en cualquier idioma e interpretar el sarcasmo, la ironía y los emojis. Pero claro estos modelos lingüísticos deben entrenarse con conjuntos de datos etiquetados y siguiendo lo que el Gobierno haya fijado como “discurso de odio” (¿?). Es decir, la IA tendrá el sesgo procedente de las fuentes que usaran las máquinas, es decir el Gobierno.

Un estudio realizado por investigadores de la UOC (Universidad Oberta de Cataluña), dirigido por Ferran Lalueza, indica que, en el caso de España, las respuestas dadas por la IA sobre a quién votar apostará por el Psoe, y a la hora de abrir el abanico, te sugerirá a Podemos o a Sumar mucho antes que al PP o a Vox. Ante esto los investigadores dicen que los resultados son preocupantes al dar un sesgo de recomendaciones acorde con las fuentes que han usado las máquinas para realizar esas recomendaciones. No quiero ser mal pensado, pero después de leer este informe y sabiendo que las fuentes que manejaran HODIO serán gestionadas y controladas por el Gobierno sanchistas, me temo que nos vamos a encontrar con otro CIS (ahora CIHodio) que más que fiscalizar la polarización, controlará los discursos políticos y todo aquello que sea contrario al amo. Al tiempo.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 23-03-2026  


miércoles, 11 de marzo de 2026

TIBIEZA O ANGUSTIA AL DECIDIR

La tibieza y la angustia al decidir son experiencias muy humanas y tienen raíces distintas, aunque a veces se confunden. La tibieza es esa zona templada donde uno evita tomar partido. No es exactamente cobardía, sino más bien una estrategia de protección. Si no decides no te equivocas. Si no te comprometes no pierdes. Es el territorio del “ya veremos”, del “depende”, del “tampoco es para tanto”. Hay una comodidad engañosa ahí: la ilusión de que posponer es distinto a renunciar. La angustia ante la decisión es algo más activo y honesto, en cierto modo. Surge cuando uno ya sabe que tiene que elegir, pero siente el peso de lo que se cierran al elegir. Toda decisión real es una pequeña muerte: elegir un camino es abandonar todos los demás. La angustia es la conciencia de eso. Hay algo que los une: el miedo a la irreversibilidad, una forma de ansiedad paralizante con la toma de decisiones, donde la persona teme que una elección sea definitiva o imposible de corregir.

En política vemos partidos tibios a la hora de tener que acceder al gobierno, rechazan el compromiso de mostrar su forma de gobernanza. Prefieren estar en esa zona cómoda de crítica constante, de soflamas perfectamente dirigidas para atraerse a un electorado harto de la situación política por la que la sociedad está pasando. Son partidos atrapalotodo con una propaganda generalizada pero que nunca han demostrado su capacidad para llevar un gobierno. Su lema: Si no decides no te equivocas. Si no te comprometes no pierdes. Su propaganda es atrayente en temas que agobian a la gente: vivienda, migración, inflación, desempleo, sanidad…, lo cual les hace subir en encuestas y elecciones. Pero llegará el día, en que tendrán que dejar el palco y salir al ruedo para mostrar que lo sermoneado lo llevan a la práctica, y eso es harina de otro costal.

La tibieza en política se observa cuando un partido político tiene una actitud de evitar posiciones claras, firmes o valientes frente a temas importantes, optando por discursos ambiguos o decisiones poco contundentes para no incomodar a nadie. Es la falta de liderazgo, valentía o coherencia ideológica. Actualmente lo vemos tanto en España, como en la Unión Europea (UE). Hace años que la UE debía haber avanzado mucho más en la estrategia común de seguridad, en la integración de sus miembros o en la autonomía energética. No lo ha hecho y ahora pagamos ese retraso, justo cundo una nueva guerra amenaza con deteriorar la actividad económica y de defensa. Sin unidad no hay capacidad de hacer frente a las reformas pendientes, sin liderazgo se pierde el gobierno. Esa falta de liderazgo está también llevando a España al caos en la gobernanza, al estar centrada en la polarización, la dependencia de socios inestables y la gestión basada en la supervivencia electoral en lugar de un proyecto a largo plazo. Es la tibieza, es el “ya veremos”, es la perdida de autoridad, incoherencia y crisis de credibilidad.

Como decía Hannah Arendt: “La triste verdad es que la mayor parte del mal lo hacen personas que nunca se deciden a ser buenas o malas”. Es la tibieza de la persona que evita tomar partido en situaciones que exigen posicionamiento, a menudo por cobardía o por mantenerse en su zona de confort. Cuando una sociedad está tan enferma del corazón se transforma en una sociedad hipócrita que busca el equilibrio entre los valores espirituales y las comodidades. Sin embargo, la tibieza nunca será la solución: “Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap. 3:15-16). Es la fe sin compromiso real, una conformidad moral que nos impide diseñar nuestra vida y nos aleja del sentido verdadero.

La sociedad española muestra también esa tibieza que anula la conciencia humana, un estado de indiferencia moral o espiritual en el que la falta de compromiso y fervor provoca el apagamiento progresivo de la voz interior. Lo que implica justificar de forma constante tus propias decisiones, priorizando la conveniencia personal sobre los principios éticos. La acomodaticia forma de vivir que impera nos recuerda a la fábula del “Síndrome de la rana hervida”, mientras la rana está en agua tibia no se mueve, aumentamos la temperatura gradualmente, la rana permanecerá inmóvil, hasta que finalmente muere, incapaz de percibir el riesgo. Como decía San Agustín “A fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo…A fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo…A fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo…A fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo”. Es la pérdida gradual de la capacidad crítica y moral, fruto de la exposición constante al mal. Los tibios se apartan de la verdad, pues la verdad incómoda.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 11-03-2026 


lunes, 23 de febrero de 2026

UNA VISIÓN SOCIOLÓGICA DE LA AMISTAD

La sociología es la ciencia social que se encarga del análisis científico de la sociedad humana. Las relaciones sociales entre diferentes individuos que conviven dentro de una misma comunidad o sociedad han mostrado siempre un gran interés sociológico porque, a diferencia de los lazos familiares o laborales, representa una forma de vinculo social elegido libremente, igualitario y no consanguíneo que estructura la convivencia y el apoyo emocional en las sociedades modernas. Sociólogos como Georg Simmel destacaron que las díadas (parejas de amigos) son las unidades básicas que forman el tejido social y, a mayor escala, los amigos forman redes que conectan a los individuos en estructuras comunitarias más amplias (capital social).

Desde niños nos encontramos inmersos en una catarata de interacciones con variedad de personas, que como esponjas vamos absorbiendo información a través de un proceso que se da en contextos determinados: familia, escuela, instituciones religiosas, clubs deportivos, etc., donde las relaciones de amistad con otras personas surgen espontáneamente. Durante la adolescencia, la amistad ocupa un lugar central en la vida de los jóvenes. Una etapa donde los adolescentes aprenden a confiar, a escuchar y a resolver conflictos de manera saludable. Una fase, donde podemos encontrar amistades de buena calidad, donde hay compañerismo, ayuda, respeto y esa sensación de intimidad. Por el contrario, también podemos encontrar amistades peligrosas donde abundan los conflictos generando malestar y emociones negativas.

Para Aristóteles, la amistad (philia) es una virtud esencial, una necesidad absoluta para una vida feliz y buena, definida como una benevolencia recíproca entre iguales virtuosos. Distingue tres tipos: por utilidad, placer o virtud, siendo esta última la verdadera y duradera, donde el amigo es valorado por sí mismo y es considerado "otro yo”. Pero la amistad tiene una serie de riesgos que puede acabar con ella, siendo los principales: el egoísmo (pensar demasiado en ti y no en el otro), el orgullo (que nos impide ver las virtudes del otro y reconocer nuestros defectos), la intolerancia (hacia los defectos o errores del otro) y la traición (al quebrantar la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener). Un buen amigo debe respetar el ámbito familiar y no interferir en él, pues un amigo debe ser un apoyo nunca un obstáculo y menos un peligro. Descubrir que la amistad es unidireccional, donde tu eres el único que se esfuerza, invierte tiempo y ofrece apoyo genuino, marca el fin de la relación.

La verdadera amistad es un regalo que la vida nos ofrece que empieza desde la infancia y continua toda la vida. Una buena amistad nos ayuda en el proceso de socialización por el cual aprendemos a convivir con otras personas (normas, valores, formas de comunicación, cooperar, etc.). La socialización facilita la amistad, y ésta, refuerza la socialización, pues a través de los amigos aprendemos habilidades sociales clave (escuchar, negociar, apoyar, confiar). Una buena amistad actúa como un “amortiguador” de las dificultades de la vida, al compartir problemas, inquietudes, sueños y fracasos. Como escribía Jorge Luis Borges: “No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, no tengo respuestas para tus dudas o miedos, pero puedo escucharlos y compartirlos contigo” (Poema de la Amistad).

En la amistad dedicas tiempo a los demás creando lazos únicos que resisten los elementos del tiempo. Pero en la actual sociedad, liderada por la lógica económica y de mercado las relaciones de amistad no escapan a la ideología hegemónica de una mercantilización de esas relaciones. Donde se transforman los vínculos afectivos en relaciones utilitaristas, donde la interacción busca beneficios personales, convirtiendo a las personas en productos desechables de consumo. Ejemplo de ello lo podemos observar a través de las redes sociales donde hay un mercado de la amistad y del amor en el que nos exponemos como productos. No es lo mismo una relación de amistad que una relación de amor (ese amor sincero entre enamorados). Uno puede tener muchos amigos, pero solo un esposo y esposa, novio o novia. El amor de pareja suele incluir pasión y exclusividad, mientras que la amistad se basa en la camaradería libre de esas exigencias.

Cuando la amistad se enfoca exclusivamente en lo material, lo superficial o en la gratificación inmediata, estamos descuidando la cultura espiritual de la persona, y es entonces cuando el egoísmo continuará siendo el poder dominante, creando una tensión entre un sistema económico basado en el beneficio propio, y la necesidad de una base ética o espiritual para fomentar la solidaridad y la empatía en la sociedad. Una amistad verdadera debería elevar el alma y facilitar la conexión con lo divino, la ausencia o la indiferencia espiritual limita la madurez personal.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 23-02-2026 


viernes, 6 de febrero de 2026

LA PERVERSION DE LA DEMOCRACIA

Heinrich Karl Bukowski, conocido como Charles Bukowski, definió con cinismo la diferencia entre democracia y dictadura afirmando que, en la primera, uno vota antes de obedecer órdenes, mientras que en la segunda no es necesario perder el tiempo votando. Este relevante escritor y poeta alemán, mostró un desprecio por las estructuras convencionales y la autoridad, aunque posiblemente describió una realidad de la democracia con la que muchos estarían de acuerdo viendo lo que sucede en nuestro país. Una España que tiene un Ejecutivo que no gobierna, que no tiene un programa coherente de país, que gestiona mal y que ha renunciado a ejercer un liderazgo económico e institucional en favor de las exigencias particulares de ese conglomerado de fuerzas políticas que lo sustentan. Son la hueste de un mal Gobierno, sus coaligados, cómplices de la corrupción socialista, que se aferran al resistente por interés lucrativo. Es la perversión de la democracia donde el interés de unos partidos prevalece sobre la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y del interés general.

Las consecuencias de este modelo es la parálisis estructural de un país que encadena tres ejercicios presupuestarios sin aprobar nuevas cuentas y funcionando con los de 2023. Es un estado de estancamiento crónico derivado de fallas profundas en su economía, instituciones o infraestructura, caracterizado por un alto paro, déficits públicos persistentes, y un modelo productivo de bajo valor añadido. Con este panorama es evidente que el Gobierno carece de capacidad política para planificar, priorizar y ejecutar una política seria encaminada a atraer inversión y ganar productividad. Es un Ejecutivo con mucho gasto corriente poco productivo, donde se gasta, pero no se invierte. Se despilfarra en estructuras administrativas, subvenciones e imagen, mientras el mantenimiento y la modernización de infraestructuras se descuidan.

Este problema presupuestario es coherente con la nefasta gestión del Gobierno, donde cada vez que nuestro país tiene que hacer frente a una catástrofe o situación de caos, su repuesta es tardía, descoordinada y politizada. Un ejemplo de ello lo vimos con la DANA en Valencia: ayuda estatal tardía, descoordinación patente, clara motivación política y no por falta de medios. España no carece de medios al disponer de unos fondos europeos sin precedentes y unos ingresos con máximos históricos tras la pandemia, encadenando récords de recaudación por la elevada presión fiscal que supera el 42% del PIB. Es como decía Aristóteles una forma de gobierno incorrecta o pervertida, donde los gobernantes actúan para beneficio propio en lugar del bien común.

El accidente ferroviario en Adamuz es la desgraciada prueba de como la falta de mantenimiento y modernización de la red ferroviaria ha costado la vida, por ahora, a 46 personas. La catástrofe cordobesa ha enterrado también, junto a esas víctimas, la sensación de seguridad de un tren que había simbolizado el paso de España a la era moderna. Dos semanas después del accidente, el caos sigue instalado en las estaciones y el responsable ministerial presume de su gestión ante los diputados que le criticaban en el Congreso: “les molesto porque lo hago muy bien”. Hay que tener cara dura. Si de algo puede presumir es la de ser el rey del zasca, que junto a su socio Rufián pelean por mantenerse en el olimpo de los provocadores.

Es la persistente perversión del uso indebido de la democracia de un Ejecutivo que emplea sus mecanismos (elecciones, leyes, libertades) para socavar sus cimientos, sustituyendo el bien común por intereses particulares, la corrupción estructural y la desinformación. Esto degrada la soberanía popular y deteriora la convivencia democrática. Pero que más le da a un Pedro Sánchez que ignora el orden establecido, las estructuras de poder o los estándares éticos convencionales con tal de lograr sus propios objetivos. Defiende a su ministro porque da la cara, más bien lo que da es una serie de explicaciones incompatibles entre sí para construir un relato cuya finalidad es impedir que vea la luz una verdad incómoda. Para ellos, el cambio climático no tuvo la culpa en la dana de Valencia fue Mazón y la del accidente de Adamuz es el cambio climático. ¡Vaya tropa! Utilizan sin pudor la mentira para evitar lo más difícil: decir la verdad y asumir sus consecuencias.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 06-02-2026 

jueves, 22 de enero de 2026

NO POLITIZAR LA DESGRACIA

Un nuevo accidente ferroviario, en Adamuz (Córdoba), azota de nuevo las entrañas de los españoles. El hecho ocurrió el pasado 18 de enero, entorno a las 19,45 horas de la tarde, cuando un tren de Iryo (trayecto Málaga-Madrid) descarrilo invadiendo la vía contigua y chocando (¿?) con otro tren Alvia que circulaba en sentido contrario (trayecto Madrid-Huelva). El incidente nos trae a la memoria otra desgracia acaecida quince meses antes en la Comunidad Valenciana, ambos infortunios han destrozado familias que han perdido seres queridos. Y en ambos casos planea la idea de una gran falta de competitividad, eficiencia y responsabilidad de las instituciones afectadas.

En el caso de Adamuz, la izquierda mediática empieza a ponerse la venda antes de la herida, diciendo: ¡No politicéis la desgracia!, al ser conocedores de que el accidente ferroviario va a salpicar de lleno al Gobierno y a su partido político. Es curiosa esa actitud en un socialismo que ha politizado todo aquello que le ha servido para atacar a su adversario político. Recordemos la politización del caso Prestige, o el atentado de Atocha cuya politización dio un vuelco electoral que se veía imprevisible, o que las muertes de ancianos por Covid solo están en Madrid, o que los responsables de las muertes por la “dana” en la Comunidad Valenciana tienen un solo culpable: el PP. No politicéis dicen quienes ante cualquier desgracia miran primero al signo del Gobierno de turno y luego deciden si ha sido una catástrofe natural o un signo de incompetencia.

Una de las características del sanchismo, a lo largo de su gobierno, ha sido el de privilegiar la ideología a la meritocracia. El esfuerzo, la formación o la experiencia pesan menos que la afinidad ideológica, las redes de poder o la identidad política en determinados ámbitos. Esta es la sensación que anida en la ciudadanía española ante la politización de las instituciones con nombramientos “de partido”, falta de transparencia en procesos de selección pública o en subvenciones, y ayudas o decisiones técnicas de importancia que acaban tomándose por interés ideológico. Este es el panorama de nuestra España, la de un país parasitado donde el mérito para el puesto radica en estar cerca del amo y hacer lo que él te pida. Ese interés partidista es el que el sanchismo ha utilizado en el Ministerio de Transportes poniéndolo en las manos corruptas de Ábalos, luego, en la reprobada Raquel Sánchez, y ahora en el oportunista Oscar Puente, donde a pesar del ciclo boyante de recursos no han sabido frenar este caos.

La meritocracia es esencial en la función pública y una premisa para la neutralidad y la eficacia de las instituciones. Cuando esa lógica se deteriora, se resiente la confianza ciudadana y se debilita la independencia de las instituciones. Dos accidentes mortales en tres días (Adamuz y Cercanías de Cataluña) conforman un balance insoportable que se está traduciendo ya en una percepción de falta de control en la red ferroviaria. En este contexto, el Gobierno parece decidido a repetir el patrón con el que se condujo en la crisis del apagón: no ofrecer respuestas claras y tratar de enmarañar las explicaciones para confeccionar un relato que les permita eludir las responsabilidades.

No politicéis la desgracia… tan solo porque no lo pueden politizar ellos. La tragedia de Adamuz con 45 fallecidos y más de un centenar de heridos ha sido el accidente más grave de Europa desde Angrois (2013). En Grecia un accidente parecido en 2023 derivó en la dimisión inmediata del entonces ministro de Transportes (homólogo de Óscar Puente), ya que era, según dijo, lo mínimo que podía hacer para honrar la memoria de las víctimas. Puente carece de crédito para abordar una crisis de esta magnitud. Hay demasiados antecedentes de este tuitero camorrista que aprovecha cualquier ocasión para denigrar al adversario, como ya sucedió este verano con los incendios donde el ministro se convirtió en pirómano político. 

El tiempo irá pasando, que es el interés inmediato del Ejecutivo para seguir en el poder, y las causas del accidente irán dilatándose, la izquierda mediática saldrá en todos los medios de comunicación insistiendo en que lo sucedido es causa del cambio climático o de un conejo que pasaba por allí, que no se debe politizar la desgracia y que debemos todos ayudar a salir de esta situación. Amén. 

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 22-01-2026 


lunes, 5 de enero de 2026

FRAGILIDAD DE NUESTRO SISTEMA POLÍTICO

El sistema político actual debe plantearse, para este nuevo año 2026, la recuperación de las democracias europeas y, de modo particular, la española. El relajamiento político de la UE, la falta de carisma de sus élites y los cuestionamientos de consensos que formaron aquella Europa de posguerra, ha llevado a Europa a su pérdida de hegemonía global frente a EE. UU. y China. Por su parte España se ha deslizado peligrosamente hacia una autocracia electiva proclive a desmantelar las instituciones democráticas al ser un obstáculo para el oportunismo político de permanecer en el poder. Ambas situaciones, están erosionando la confianza ciudadana creando un entorno que obliga a revisar los fundamentos sobre los que debe reposar nuestra convivencia.

>En España, la convivencia debe basarse en la Constitución Española (CE), cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, además de reconocer la indisoluble unidad de la Nación española. Es difícil mantener esa convivencia con un Gobierno que altera la CE por la vía de los hechos instaurando, según la teoría de Karl Loewenstein, una Constitución semántica donde existe un desajuste entre el texto constitucional y la realidad política, sirviendo la norma escrita solo para legitimar el poder de los grupos dominantes sin limitarlo realmente, es un disfraz de la legalidad con la inestimable ayuda del interprete constitucional: el Tribunal Constitucional.

Esta alteración de la CE es parte de los malos oficios de un Ejecutivo que para mantenerse en el poder no ha dudado de neutralizar y absorber a los otros poderes. Es la quiebra del Legislativo y del Judicial. El primero, por renunciar a su función integradora al dimitir de lo encomendado por la Constitución en su Art. 66: legislar, aprobar Presupuestos y controlar al Gobierno; el Judicial al estar sometido constantemente a una acusación de dañar y desacreditar al Gobierno (el lawfare), un relato oportuno para descalificar a priori cualquier investigación judicial como una maniobra de parte. Es la quiebra de la propia nación con un Estado que prioriza su interés partidista al interés general, al utilizar la lógica de la rentabilidad electoral que focaliza la ayuda del Estado a la ciudanía que apoya al bloque de investidura, considerando irrelevante al resto. Un ejemplo ha sido la tardanza de las ayudas del Estado para la reconstrucción de las infraestructuras valencianas, por la dana, a pesar de las insistentes llamadas del general Gan Pampols a ministros y órganos de coordinación que no fueron atendidas.

Lo descrito anteriormente es una clara muestra de la fragilidad de nuestro sistema político que obliga a revisarlo sin mayor tardanza en este nuevo año 2026. Primero, garantizando la independencia real y percibida de los órganos constitucionales: El Tribunal Constitucional (TC), la fiscalía general del Estado (FGE), el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y los demás órganos reguladores que por las presiones a las que se ven sometidos dificultan su buen funcionamiento. Segundo, el modelo territorial que, ante la bilateralidad asimétrica o desigualdades que amenaza el principio de igualdad y deteriora la cohesión del Estado, debe establecer un equilibrio entre solidaridad, corresponsabilidad fiscal y suficiencia financiera, así como una revisión de la actual ley electoral que ante la explosión del regionalismo amenaza la unidad de España. Tercero, hay que revisar la calidad de la democracia como cultura cívica: enseñar un conjunto de valores (respeto, solidaridad,), conocimientos (normas, derechos, deberes,) y comportamientos (respeto a los demás), que permitan la participación informada y responsable de los ciudadanos en la vida pública para el bienestar común. 

La fragilidad mostrada por nuestro sistema político debe subsanarse con prontitud, si queremos mantener una democracia liberal ausente de oportunistas políticos que al carecer de dignidad institucional y moral aprovechan la debilidad del sistema para tomar el poder a costa del deterioro de España. Así es, así será, y ojalá no siga es mi deseo para 2026.

José Antonio Puig Camps (Dr. Ingeniero Agrónomo y Sociólogo)

Publicado 05-01-2026 Felicidades GNH